2016: Nunca dejará de sorprendernos la tecnología

No hay duda de la completa simbiosis que hay entre cine y tecnología. El cine es un arte que se apoya por completo en los diversos avances tecnológicos y no debe extrañar que haya surgido potentemente en el siglo veinte y que continúe rompiendo brechas en el siglo veintiuno, épocas marcadas por los avances de la tecnología y de su fuente, la ciencia. Con mucha frecuencia, la ciencia y la tecnología son las protagonistas mismas de las cintas. Un caso evidente es el del género de ciencia-ficción, que no cesa de ofrecer novedades e interés y que se basa en todo tipo de especulaciones sobre el papel fantástico (y real) que la tecnología puede tener en las vidas de las personas. Me ha parecido interesante un catálogo de películas de las últimas décadas en las cuales se explora con arte y elegancia esta relación entre cine y tecnología, presentado por Carballo (ref.1). Se menciona en él a Matrix (1999), 2001: Una odisea en el espacio (1968), La Mosca (1968), Metrópolis (1927), Una mirada a la oscuridad (2006), Origen (2008), Minority Report (2002), La red social (2010), A.I. Inteligencia Artificial (2001), Piratas de Silicon Valley (1999), Blade Runner (1982), Yo, robot (2004), Doce Monos (1995), El quinto elemento (1997), Terminator (1984), Nineteen Eighty-Four (1984), The Martian (2015), Interstellar (2014), Ex machina (2015), Steve Jobs (2015), Her (2013). Me ha apuntado a ver las dos o tres que me faltan. ¿Cómo armaría yo el catálogo del 2016, basado en las que he visto? Paso a comentar.

Rogue One: Una historia de Star Wars (Gareth Edwards) es extraordinaria en el uso de herramientas tecnológicas, de tal manera que se vean naturales los efectos. Es un filme derivado de la famosa saga de La Guerra de las Galaxias, centrado en acontecimientos que sucedieron entre los episodios III y IV, en la cual se ha podido ver a algunos actores que aparecieron en las anteriores películas, como es el caso del gobernador Tarking, interpretado por Peter Cushing, actor que murió en 1994 y que mediante la tecnología CGI, ha regresado al cine. Igualmente, en el caso de la Princesa, aunque la actriz original, Carrie Fisher, estaba todavía viva, no podía retomar el personaje por estar ya de edad, y quien hizo de Leia fue la actriz noruega Ingvild Deila, cuyo rostro también se vio completamente alterado computacionalmente para que luciera como el de la joven Fisher.

Esta tecnología (imagen generada por computadora) ha sido fundamental en el cine actual. Sus orígenes se remontan al año 1968, cuando un grupo de matemáticos y físicos rusos, dirigidos por N. Konstantinov, desarrolló un modelo matemático que permitía mover objetos a través de una pantalla. En 1970, Peter Foldes creó la primera película de animación CGI en 2D. Ya en 1976, se lograron las primeras imágenes generadas por ordenador en 3D, para la película Futureworld. El director George Lucas, gran innovador en el cine, vio con claridad el potencial de la CGI y aportó a la misma el desarrollo de mezclas entre lo analógico y lo digital. Star Wars se convirtió en inspiración para muchos de los abundantes efectos CGI que han surgido desde su aparición. En los 80 y 90 ocurrieron grandes logros: el primer personaje CGI humano; el efecto génesis para la creación de paisajes en el espacio exterior; el primer efecto 3D con CGI en agua; los fundidos de lo natural y lo artificial en Terminator 2: el juicio final, las primeras criaturas increíblemente realista generadas por ordenador en Jurassic Park; a su vez, Toy Story fue la primera película de animación totalmente elaborada con CGI y en Matrix se utilizó por primera vez el llamado efecto “bullet time”, con el cual se logra que los espectadores visualicen efectos simultáneos de gran velocidad y de movimiento en tiempo lento. Todas estas cosas suceden a base de extraordinarias combinaciones de las posiciones y los movimientos de las cámaras, gobernadas por simulaciones computarizadas. Nosotros, los espectadores, sentimos la magia de estos efectos especiales, que tienen la virtud de ampliar también nuestra percepción.

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Otra película que capturó mi atención por su extraordinario empleo de la tecnología fue Doctor Strange: Hechicero Supremo (Scott Derrickson). Hay que tener en cuenta que el trabajo digital es respaldado por ingentes esfuerzos humanos. El creador de efectos Stephane Ceretti contó con un equipo de 50 personas para dibujar, tallar y modelar escenas y personajes para las tomas, que implicaron más de 800 bocetos, 300 diseños y 40 maquetas. Ceretti tiene amplia experiencia en la tecnología y el cine, se inició como artista digital en Buf (empresa pionera de las CGI, donde se creó el efecto “Bullet Time”). En Doctor Strange se emplean técnicas de digitalización para crear dobles de los artistas. Para ello, se registran las caras de los actores y sus expresiones para recrearlos en la computadora y dar origen a dobles digitales muy fieles. Pero todo esto combinado con las actuaciones del actor real, que son la fuente principal de lo que se hace. Como la tecnología de captura, animación y generación de los dobles digitalizados avanza tanto, se ha logrado una excelente fidelidad entre el personaje digitalizado y los actores originales. Vale la pena resaltar el talento humano que hay detrás. Señala Ceretti que en todo el mundo se encuentran, como es el caso suyo, los nuevos talentos y las ideas de amplio espectro cultural que pueden respaldar los efectos visuales, de modo que no sean meramente un logro técnico, sino un arte que necesita alimentarse de las influencias universales para mantener su importancia.

Doctor Strange

 

En Pasajeros (Morten Tyldum) se presenta, como aspecto fundamental, el de la hibernación de largo plazo, algo que se podría considerar como tecnología demasiado especulativa. Sin embargo, resulta curioso señalar que tal tecnología se viene estudiando ya, bajo la forma de técnicas de sueño prolongado pensadas para largos viajes tripulados, llevando a los astronautas a lo que denomina estado de hipersueño. De hecho, se realizó una discusión sobre la película, organizada por Sony, en la cual se supo que la NASA podría estar interesada en colocar seres humanos en un estado de estancamiento vital durante un viaje a Marte de seis a doce meses (en Pasajeros, la hibernación toma 120 años). La idea es que durante este estado baje notablemente el metabolismo, facilitando aspectos como el menor tamaño de las naves, que podrían tener mayor blindaje contra radiaciones. Las técnicas que se plantean se basan en sistemas de control de la temperatura mediante hipotermia. En casos terapéuticos, esto ya se hace por unos pocos días, pero en algunas instancias, se ha llegado a duraciones de dos semanas, y se ve posible extenderlas a meses. No es de extrañar que el cine, a medida que ensaya tecnologías o que se refiera a tecnologías, esté también haciendo prospectiva sobre el futuro. Desde otro punto de vista, el de la tecnología de filmación, hay que destacar la escena de la piscina dentro de la nave espacial, en la cual que Jennifer Lawrence, la actriz protagonista, pasa de experimentar plácidos movimientos en el agua a sentirse atrapada por una burbuja insoportable que la ahoga y la agita vertiginosamente cuando se pierde la gravedad artificial de la nave.

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Pasajeros

 

Finalmente, me voy a referir a Capitán América: Civil War (Anthony y Joe Russo), una película extremadamente taquillera de la saga de superhéroes de Marvel que tiene la novedad de presentar las acciones de una forma relativamente lógica y secuencial, que permite disfrutarlas a plenitud en sus muchos detalles, incluyendo el amplio despliegue de tecnología de filmación y de diseño que se aprecia en las excelente coreografías de combate, que respetan el sentido de perspectiva y de espacio del espectador y por ello no son agobiantes ni abrumadoras. Dado que la trama muestra una gran variedad de personajes heroicos, de escenas y de sucesos, esto solamente se logra con un manejo exquisito de la tecnología, y me parece que muestra el fruto de toda la experiencia acumulada de filmaciones en la saga. Al revisar las críticas que ha tenido el filme por parte de los que han seguido sus muchas películas, se nota unanimidad en que todos los detalles tecnológicos funcionan muy bien, con efectos especiales que no dejan qué desear. Se puede concluir que la tecnología es, en sí misma, un elemento asimilable a la actuación, que, a base de calidad propia, matizada con experiencia y de participación en escenas desafiantes, una y otra vez, se va perfeccionando.

Captain America

 

Referencias:

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