3 días para matar

Un déjà vu cinematográfico. Una corazonada latente, que persiste en la idea de decretar que todo ese compendio de locura y caos presentado es más de lo mismo; algo repetitivo, anodino y sin gracia, incapaz de aportar nada nuevo.

Entre las brumas de esa sensación machacona, asoma insistente un propósito. Un experimento de relaciones imposibles, impetuosas y agitadas que, aunque incapaces de soportarse, juegan con la contingencia de coexistir de una forma ingeniosa. Elementos dispares, que gritan deseosos por revelar que este utópico vínculo puede llegar a funcionar. Una lucha fantasiosa, casi suicida. Una metáfora ligera de los doce trabajos de Hércules, que se afana en demostrar que este quimérico ensayo puede tener un curioso final; una renovada (aunque no mejorada) visión de la tragicomedia, plagada de violencia, ternura y requiebros.

La sombra incesante de la muerte, una relación paterno-filial que subsiste gracias al recuerdo, un amor latente pero algo esquivo y un trabajo asfixiante e inflexible son las bases que conforman este lazo imposible y milagroso. Una película que a pesar de estar compuesta por un sinfín de laboriosos parches y remiendos, consigue dejar atrás sus dificultades y aportar ese regusto agradable, divertido, que en ocasiones sorprende y agrada.

Joseph McGinty, con su último trabajo y con ayuda de Luc Besson y Adi Hasak, intenta alejarse de sus alocadas coreografías al más puro estilo Matrix (Andy y Lana Wachowski, 1999), de la escasez de originalidad en los guiones y de un uso irreflexivo de la cámara, como ocurrió con Los ángeles de Charlie (Charlie’s Angels, 2000) y Los ángeles de Charlie: Al límite (Charlie’s Angels: Full throttle, 2003).

Kevin Costner en 3 días para matarToda esa parafernalia audiovisual de la que antaño tanto uso profesaba desaparece, como ya se atisbaba en Terminator Salvation (Terminator Salvation: The Future Begins, 2009) o Esto es la guerra (This Means War, 2012). McG intenta mostrar un estilo más depurado y profundo sin alejarse del género de acción. Con Tres días para matar, constata que tiene una personalidad audiovisual más inquieta, más saneada y deja patente que el guion es el auténtico pilar de carga de la película. Presenta un largometraje con personalidad, que ahonda en la formación del carácter de los personajes y sus consecuencias, y que deja en un segundo plano el abuso excesivo de efectos especiales innecesarios.

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Un libreto con vida propia, creado por Besson y Hasak, que invade lentamente cada molécula de la cinta hasta producir un eclipse total. La desaparición del director estadounidense es innegable, porque a pesar de toda esa muestra de adrenalina, velocidad, tiros y explosiones, no parece suficiente para aportar algo nuevo y ocurrente para el conjunto de la película. Todos estos esfuerzos audiovisuales quedan arrinconados frente a la gracia innata del guion, y como consecuencia el film queda hipnotizado por el temperamento, la gracia y estilo inconfundibles del director francés. De esta manera, el guion se convierte en un maravilloso flotador salvavidas de esta “Crónica de una muerte anunciada”.

Three Days To KillMcGinty, Besson y Hasak presentan un largometraje llamativo e interesante, con tintes carismáticos, pese a no tener nada especial. Es una criatura diferente e ingeniosa, con un halo atractivo y dispar a las demás películas de su especie. Tiene un compendio de componentes que funcionan gracias a la labor minuciosa de los arquetipos que ofrece el guion, pese a los ridículos esfuerzos por introducir planos vertiginosos que no aportan nada, un sinfín de secuencias desenfocadas (para mostrar al público los efectos de la medicina en el protagonista), elementos de color rojo y explosiones turbadoras y desconcertantes. Un odio a primera vista, que nos avisa que Tres días para matar puede ser otra película más del montón, una nueva copia de Jungla de cristal (Die Hard, John McTiernam, 1988), pero finalmente se muestra que este largometraje esconde algo más, la posibilidad de la existencia de un subgénero fresco e insólito, donde la comedia, la adrenalina y el drama conviven a la perfección sin desteñirse.

La sutileza en el trabajo del argumento se basa en la creación de dos mundos bien diferenciados: la familia (amor, ternura, mimo) y el trabajo (crueldad, exceso, dureza), que consiguen coexistir gracias al fuerte pegamento de la ironía, la gracia y el desparpajo. Estas dos atmósferas quedan patentadas gracias a los significados que se palpan en los primeros minutos de la cinta. Una escena es de vital importancia, donde los elementos son esenciales para el correcto entendimiento de la trama (es el ADN de la estructura y de la ambientación, que se irá desglosando a lo largo del largometraje). Así, se crea la yuxtaposición perfecta de todos los componentes que forman la trama, que se van enriqueciendo de las alocadas y ocurrentes secuencias de violencia, caos, risas y ternura. De esta manera, la película consigue soldar a la perfección todos los aspectos de la comedia, la tragedia y el cine negro para formar un solo ser.

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Tres días para matar, la películaUna mezcla que termina por ser trepidante, capaz de despertar las sonrisas de los espectadores y de estimular las ansias de querer saber más para llegar al clímax de la historia y, por consiguiente, de la resolución final: muerte o redención del protagonista. Y es que todo, absolutamente todo, gira en torno al personaje principal de la cinta. El personaje interpretado por Kevin Costner es el auténtico y único eje del film, un ser henchido de una fuerte voluntad, capaz de mover todas las montañas necesarias para poder alcanzar sus deseos, sus necesidades, y por lo tanto, conseguir un final, que aunque esperado, resulta gratificante. Y es que todo ese sacrificio, voluntario e involuntario del protagonista, toda esa lucha contra los antagonistas y contra la enfermedad, es un fin instintivo para conseguir la empatía con los personajes más allegados y con el público.

Nunca nada es lo que parece. Un patito feo, un león escondido entre corderos, una sorpresa inesperada. Carcajadas, recuerdos intensos de una vida pasada mejor, miedos, desafíos y una lucha agónica contrarreloj brillan tras tanta parafernalia inservible. Un vellocino de oro resplandeciente, que promete, pese a sus debilidades, una provocación divertida y espontánea. Un incitador promisorio e idóneo, una película que según va pasando el tiempo madura, mejora y deja un buen sabor de boca.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=37gyQK4vWEI

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