Billy Lynn

Existen innumerables maneras de retratar los horrores que genera una guerra, como resultado de haber estado tan cerca de la muerte y por qué no, cargar en la conciencia de haber provocado otras tantas. Lo cierto es que el estrés postraumático devenido de tal acontecimiento –que marcará un antes y un después en la vida de un soldado– repercutirá en sus acciones y en su psicología, requiriendo quizás un apoyo moral extra, algo que muchas veces no existe. Y todo esto es dicho sin tener en cuenta a aquellos sobre los que la guerra ha dejado una marca física, independientemente de cómo los haya afectado psicológicamente un evento de tamaña magnitud.

Basada en el libro homónimo de Ben Fountain, Billy Lynn’s Long Walftime Walk pone en relieve la personalidad del protagonista, quien se encuentra en medio de un espectáculo, que busca convertir el homenaje a su batallón en algo totalmente frívolo. El desarrollo temporal se encuentra ambientado en este acontecimiento, sobre el cual transcurre la película, a excepción de los flashbacks apuntados para ir construyendo su personalidad y la de sus compañeros.

El protagonista es muy bien interpretado por parte de Joe Alwyn, quien encuentra el balance perfecto entre los flashes de la actualidad y el horror del pasado. El personaje que representa debe demostrar la euforia de la guerra y la desilusión de la reinserción en la sociedad, algo que en lo interpretativo logra con creces. Por otra parte, Garrett Hedlund también evidencia una gran performance, en un personaje que recuerda mucho al de Jai Courtney en Divergente (Divergent, Neil Burger, 2014).

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La temática de Billy Lynn no es algo nuevo en el cine. Desde la reciente Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, Mel Gibson, 2016), hasta una de las sagas que hiciera famoso a Sylvester Stallone con Rambo: Acorralado (First Blood, Ted Kotcheff, 1982), el cine ha buscado generar conciencia sobre los héroes de guerra. Lo que queda bien en claro es que, aparte de tener una actitud de aislamiento, propia de no poder entender cómo es que existe gente que no haya vivido los horrores de una cruenta guerra, también se suma la exclusión por parte de la sociedad, un cóctel explosivo que muchas veces culmina con el peor de los desenlaces, como sucede en El Francotirador (American Sniper, Clint Eastwood, 2014)

Arreglados por Albert (Chris Tucker), el manager del batallón, quien busca negocios con Norm (Steve Martin), Billy Lynn y compañía deben presentarse en el entretiempo de un partido de fútbol americano, junto a las Destiny’s Child, en el día de Acción de Gracias de 2004. Es justamente todo el espectáculo hipócrita y superficial que se monta alrededor de ellos, la base sobre la que se monta todo el conflicto psicológico de Billy Lynn. Los papeles de Tucker y Martin no poseen muchos minutos de pantalla, en el caso del primero, cumple bastante bien con la interpretación del manager sin escrúpulos, mientras que el segundo demuestra su nivel, al ponerse en la piel de un empresario al que solo le importa el dinero. Además, cuenta con las actuaciones de Vin Diesel, quien no desentona en su tradicional papel de hombre rudo, y Kristen Stewart, encarnando a la hermana de Billy y más enfocada al drama.

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El director de La Vida de Pi (Life of Pi, 2012), Brokeback Mountain: En Terreno Vedado (Brokeback Mountain, 2005) y Hulk (2003) –aquella en que Eric Bana interpreta al gigante verde–, nuevamente aborda una historia en la que sus personajes se encuentran en medio de conflictos psicológicos muy complejos de superar. Mediante flashbacks, que transforman la tranquilidad de estar en una zona segura del presente, Lee nos retrotrae al pasado bélico reciente de Billy y va construyendo su perfil mental, tal como lo hizo con el protagonista de La Vida de Pi durante su tiempo en el bote junto al tigre. El mismo recurso fue utilizado por JJ Abrams para explicarnos el porqué de la personalidad de los protagonistas de Perdidos (Lost, 2005-2010).

Muchas veces no queda claro si la reflexión que busca instalar este tipo de películas es a favor o en contra de la guerra constante de la que Estados Unidos se alimenta. En el caso de Billy Lynn, el perfil es claramente crítico en este aspecto, y es especialmente la manera de relatar, bastante aturdidora, que impone Ang Lee, además de la gran interpretación de Joe Alwyn como protagonista, que logran generar esta sensación desesperanzadora.

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