Cae la noche en Bucarest

Hay una escena de Cae la noche en Bucarest donde tres personajes monitorean el video de una endoscopia del protagonista, un director de cine que se ausentó de una jornada de rodaje con el argumento de haber sido afectado por una gastritis. La productora sospecha que su excusa es falsa y que la endoscopia no es actual, por lo cual acosa de preguntas al médico especialista que los asesora durante la visión del registro. Mientras el médico no encuentra indicios de gravedad en la salud del director, la productora le pregunta si no hay posibilidades de que en los márgenes de la pantalla se haya omitido información de algún tipo que revele algo más allá de una simple gastritis. El médico responde que lo importante del registro se debería encontrar en el centro de la imagen, que es allí donde debe orientarse la atención, sin mirar en los márgenes. La última película del cineasta rumano Corneliu Porumboiu (The Second Game, Policía, Adjetivo, Bucarest 12:08) es una cáustica mirada hacia los márgenes de una filmación, así como también una especie de endoscopia de la intimidad de su conflictivo director, que pareciera cristalizarse en ese examen visual monitoreado por los inquisidores ojos de su productora. Lo interesante podría haberse situado en el centro de esta historia, pero Porumboiu decidió hurgar por los costados.

Cae la noche en Bucarest, fotogramaEl director de cine que protagoniza Cae la noche en Bucarest se llama Paul y se encuentra en medio de un rodaje bastante conflictivo del que pareciera querer desprenderse. Paul mantiene una relación con Alina, una de sus actrices, y sobre ella vuelca muchos de los malestares que lo aquejan, tanto en el plano sentimental como en el proceso creativo. En casi todas las escenas, Paul se muestra como un auténtico director de cine: es autoritario, obsesivo, celoso y malhumorado. Porumboiu lo muestra manteniendo largas conversaciones con Alina, o ensayando una escena fundamental del guión de la película que están filmando y que la involucra. Casi todos estos encuentros son conflictivos sin llegar al terreno de la discusión, y suelen trazar una curva de irritabilidad progresiva que nunca termina de estallar. Un ejemplo notable al respecto se puede encontrar en aquella escena donde ambos amantes están cenando en un restaurante y un colega de Paul irrumpe en medio de la comida para conversar de manera insinuante con Alina, a la que compara a través de un comentario con la célebre actriz Monica Vitti, a quien le remite por su aire distante. Alina desconoce a la actriz italiana y Paul, notablemente disgustado por el acto de coqueteo consumado ante su presencia, arremete contra ella por sus desconocimientos sobre la obra de Antonioni (“es como si hicieras teatro y no conocieras a Chejov”, le dice a su amante). Es en estos momentos donde más relucen los méritos de la película, por su capacidad para construir cierta tensión a partir de situaciones más bien estáticas, apoyándose más que nada en los diálogos, ya que la gestualidad de los actores es nula, con ese ascetismo expresivo que es marca registrada del cine rumano. Pero las virtudes de esta película parecieran terminarse justo en ese punto, ya que difícilmente encontremos algo más que eso. En otra extensa conversación que los dos amantes mantienen en un auto, Paul alude a los límites que le impone el formato digital en comparación al fílmico, así como también a la pertinencia de un desnudo femenino que quiere incluir en su película para que sea interpretado por Alina. En algún momento de su intimidad, Paul replica la situación que suele ensayar con Alina: al salir del baño, comprueba que su amante conversa por teléfono con quien probablemente sea su novio o marido, y aguarda en el pasillo tratando de escuchar lo que ella dice. Nunca vemos escenas del rodaje, solo menciones a lo mal que quedaron algunas tomas y a la repetición que habrá que llevar a cabo de ellas. Cae la noche podría ser una película sobre la crisis creativa, sobre los conflictos de pareja, sobre la representación de los problemas reales a través del arte, sobre todas esas cuestiones al mismo tiempo, pero es probable que solo sea una puesta desganada de ciertos aspectos que atañen a la vida de un cineasta.

Lea también  Mi amigo el gigante

Imagen de la película Cae la noche en BucarestLa película está estructura en largos bloques secuenciales y la mayoría de ellos están resueltos en una sola toma hecha con cámara fija. Porumboiu hace un buen aprovechamiento del aspecto panorámico de la imagen, con una marcada predilección por los perfiles de sus protagonistas. Todo lo demás es seco como el vermut. La forma replica el drenaje emocional de su contenido. No puedo negar que Cae la noche en Bucarest se parece demasiado a esa endoscopia descrita al comienzo de esta reseña. El resultado revela un ligero malestar, pero tampoco nada por lo cual alarmarse demasiado. En lo que a mí respecta, dudo mucho que me interese en revisar los futuros diagnósticos médicos de este cineasta.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=BIeA4rf_MOM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *