“Deja que el mundo te cambie y podrás cambiar el mundo”: una lucha por los ideales

 

Para algunos, el héroe; para otros, un monstruo; para todos: una leyenda. El argentino, Ernesto “Che” Guevara, comúnmente conocido como un revolucionario marxista, fue el líder de la guerilla y uno de los jefes más prominentes e inspiradores de la Revolución Cubana (1953-1959). Jon Lee Anderson, un periodista estadounidense que escribió Che Guevara: Una vida revolucionaria (1997), una de las biografías más importantes del guerrillero, quiso entender “¿qué motivos tenía Ernesto, un chico bien nacido en una vieja  y opulenta familia argentina de clase media con buenas perspectivas de futuro, para dejar esta cómoda existencia y convertirse en uno de los más implacables y conocidos revolucionarios de todos los tiempos?”. La película Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles relata el viaje que realizaron El Che y su amigo Alberto Granado a través de América del Sur en 1952, y se basa en los libros de la expedición Notas de viaje (escrito por Ernesto) y Con el Che por América Latina (de Alberto). Esta obra nos proporciona la oportunidad de asistir al “nacimiento” de este personaje carismático del Che, símbolo e icono del movimiento contracultural y de la rebelión.

Ernesto “El Fuser”, 23 años, un estudiante de medicina, un especialista en lepra, y Alberto, 30 años, bioquímico, “vagabundo científico declarado”, tienen el plan de recorrer 8000 kilómetros en cuatro meses con el objetivo de explorar el subdesarrollado continente latinoamericano que solo conocen por los libros. Método: improvisación y una motocicleta rota que gotea. A pesar de tener solo un trimestre para acabar los estudios (lo suspende temporalmente) las objeciones de su padre, el asma crónica que padece y una bonita joven, Chichina, locamente enamorada de él; el 4 de enero 1952, Ernesto comienza un viaje que le cambiaría la vida, más de lo que llegó a imaginar.

diarios 3 [320x200]Jon Lee Anderson, en el mencionado documental, declara que este viaje fue una búsqueda para mirar más allá de los grupos privilegiados, el paseo del renacimiento de Guevara, algo que le dio sentido a la vida, a lo que siempre había buscado. Aclara que pese a haber estudiado medicina, Ernesto obtuvo la verdadera educación en este viaje. “Yo, ya no soy yo. Por lo menos no soy el mismo yo interior”, dice al final del filme. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió durante los siete meses que que le llevaron a convertirse en un revolucionario?

El análisis de la película nos ayudará encontrar una respuesta a esta pregunta. Vamos a estudiar el filme en dos partes, porque si bien, en la primera mitad, de aproximadamente 50 minutos (de un total de dos horas), que también marca la mitad del viaje (casi 5.000 de los 10.000 kilómetros recorridos), Ernesto destaca por su sinceridad y sensibilidad, es en la segunda parte, cuando los viajeros se encuentran con la pareja chilena en el Desierto de Atacama, en la que se ve la injusticia social y la pobreza, que causa un gran impacto en Ernesto.

La primera parte parece más una aventura, en el sentido de que los personajes encuentran numerosos obstáculos: problemas con la motocicleta, hallar lugares donde comer y dormir… Aquí Ernesto comienza a mostrar características que en la segunda parte seguirán desarrollándose. Aunque ambos viajeros son muy agradables, Ernesto se ve como el más honesto y franco de los dos, incluso a veces parece brusco. En las situaciones en las que Alberto intenta tergiversar y adornar la verdad para obtener la comida o el alojamiento, Ernesto dice la verdad (salvo en el caso de las hermanas peruanas): “el viento nos ha llevado nuestra carpa, estamos muertos de hambre y necesitamos dónde dormir” o “esto es un tumor (…) nosotros no podemos tratarlo”. Revela la integridad de su carácter: en las emergencias se niega a gastar el dinero que le había dado Chichina para que le compre un bañador en los Estados Unidos, cuando con el ataque de asma necesita ir al hospital, o cuando “La Poderosa” motocicleta falla y hay que pensar en otro modo de continuar el viaje. Es muy amable y educado, se interesa por los que le ayudan: en el mercado, en Chile habla con los vendedores como si fueran conocidos. Es muy sensible: cuando un bombero le pide que vea a una señora enferma, porque el médico no llega, no vacila. Es muy sensible al sufrimiento humano: en una carta conmovedora a su madre escribe: “Yo sabía que no podría ayudar a esa pobre mujer (…) Había en sus ojos moribundos un humilde pedido de disculpas y una desesperada súplica de consuelo que se pierde en un vacío, como se perderá pronto su cuerpo en la magnitud de misterio que nos rodea”.

diarios centradaEn la segunda parte, el ambiente cambia. Los viajeros se encuentran con una pareja sin dinero y perseguida por ser comunista. Luego Ernesto admitirá: “Esa noche fue una de las más frías de mi vida”. La pareja les cuenta que después de dejar a sus hijos con la familia, están viajando en busca de trabajo. Durante este encuentro hay un momento, y muchos después, que le parten el corazón y realmente demuestra la magnitud de la injusticia social y la diferencia entre las clases sociales: la mujer les pregunta: “¿Ustedes están buscando trabajo? ¿Por qué viajan?”. Alberto está con la mirada baja, mientras Ernesto dice, con algo de vergüenza: “Viajamos por viajar”. “Bendito sea su viaje”, dice la mujer, pero se siente el peso de esta confesión como un trago amargo. Los viajeros no responden, pero Ernesto da su manta a la chica para que se cubra en la noche fría del desierto, y Alberto le ofrece mate. Sin embargo, el ambiente ha cambiado. Más tarde, Ernesto escribe en su diario: “Esos ojos tenían una expresión oscura y trágica. Nos contaron de unos compañeros que habían desaparecido en circunstancias misteriosas y que al parecer terminaron en alguna parte, en el fondo del mar. Esa fue una de las noches más frías de mi vida, pero conocerlos me hizo sentir más cerca de la especie humana, extraña, tan extraña para mí”. Esta es, tal vez, la escena más importante de la película, el nacimiento de la conciencia social de Ernesto que desde entonces defenderá a los menos afortunados y explotados. Hacia el final del filme admite a Alberto que el dinero de Chichina, que tenía guardado y ni siquiera lo quería utilizar en situaciones más extremas, se lo había dado a esta pareja.

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En la escena siguiente están en Chuquicamata, la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo, propiedad de los Estados Unidos, y ven el maltrato que reciben los obreros. Ernesto se enfada: “¿Usted se da cuenta de que esta gente tiene sed? ¿Por qué no les da un poco de agua, ¡carajo!?” e insultándole lanza una roca hacia el camión del supervisor. En aquellos tiempos las empresas estadounidenses monopolizaban el sector minero en Chile por dos razones:  materia prima y mano de obra baratas. La noción de la monstruosa empresa capitalista explotando a los paisanos sería una bofetada para un joven idealista.

Lo que sucede, oscurece el viaje: “A la salida de la mina sentimos que la realidad empezaba cambiar. O éramos nosotros. A medida que nos adentrábamos en la cordillera, encontramos cada vez más indígenas, que ni siquiera tienen un techo en sus propias tierras”. Los viajeros ven la pobreza, la miseria y la injusticia, hablan con los indígenas, les escuchan y demuestran su interés. En Machu Picchu, Guevara expresa una amarga conclusión y empieza a poner en duda el orden mundial: “Los Incas tenían un alto conocimiento de astronomía, medicina, matemática, entre otras cosas. Pero los invasores españoles tenían la pólvora. ¿Cómo sería América hoy si las cosas hubieran sido diferentes?”. Lo que han visto y experimentado también afecta a Alberto, que propone a Ernesto un plan para hacer una revolución indoamericana, “sin tiros”. “¡Estás loco!”, contesta el futuro comandante. También se pregunta cómo la cultura avanzada de los Incas dio paso a la expansión urbana de Lima. “¿Cómo es posible que sienta nostalgia por un mundo que no conocí? ¿Cómo se explica que una civilización capaz de construir esto (Machu Picchu) sea aplastada, para construir lo nuevo?”. A través de la manera de decirlo, con amargura, una sorda ira, tristeza y melancolía, nos hace sentir la importancia de estas escenas, el cambio que se está dando en el alma del Che.

diarios isla [320x200]Una persona que desempeñó un papel muy importante en el camino de los dos viajeros fue el doctor Hugo Pesce, “el jefe de programa para el tratamiento de la lepra, con quien Alberto había contactado antes de empezar el viaje. Nos alimentó, nos dio ropa, dinero y algunas buenas ideas”. Hablaron del potencial revolucionario de los indígenas y los campesinos en América Latina; a Ernesto le recordaba a la gente que había visto, mientras leía 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, el libro que le había dado el doctor. El siguiente paso iba a ser trabajar como voluntarios en la leprosería San Pablo, en el Amazonas. Antes de ir, el doctor Pesce les dice: “Me parece que van a encontrar algo importante, importante para ustedes”. Esas palabras fueron proféticas.

La leprosería: la recta final, un sitio donde después de tres semanas trabajando con los enfermos, Ernesto ve clara la división social. Los leprosos viven en el sur, el personal, los doctores y las monjas, en el norte. Desde el principio se comporta diferente a sus compañeros: se niega a llevar los guantes de goma y pone en duda la práctica de utilizarlos porque la lepra no es contagiosa: “Si no es contagiosa, es puramente simbólico, ¿no? (…) No los vamos a usar”. Además, al llegar a la isla y conocer a los pacientes, les estrecha las manos desnudas, un acto sin precedentes. Les trata a los algo asustados leprosos con mucho respeto, se interesa por sus vidas sin ser condescendiente; pasa su tiempo libre con ellos, se considera uno de ellos, les trata de igual a igual. En el documental mencionado antes, un amigo de su infancia confirma que siempre había sido así, desde joven: aunque era de la clase alta, nunca discriminaba a nadie, solía andar con todos los niños, fueran privilegiados o hijos de criados.

Los acontecimientos en la colonia también contienen una crítica a la iglesia católica. Según las monjas, los que no habían asistido a la santa misa no tenían derecho a comer. Un día, Ernesto y Alberto pasan la mañana jugando al fútbol con los pacientes y después van a comer: “Pero ustedes no fueron a la misa. Entonces ¿cómo quieren alimentar el cuerpo si antes no alimentaron el alma?”. Argumentan: “Merecemos comer como cualquier persona. Negar comida no es cristiano”, pero es en vano. Es una situación absurda. Afortunadamente, luego los pacientes les traen la comida.

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diarios [320x200]Al final de su estancia allí, Guevara confirma sus incipientes impulsos igualitarios y antiautoritarios durante un brindis de su cumpleaños, que es a su vez su primer discurso político[1]: “Nos impiden ser voceros de su causa. Creemos, y después de este viaje más firmemente que antes, que la división de América y las nacionalidades inciertas e ilusorias son completamente ficticias. Constituimos una sola raza mestiza, desde México hasta el Estrecho de Magallanes. Así que, tratando de librarme de cualquier carga de provincialismo, brindo por Perú y por América unida”. Cabe destacar la reacción de Alberto a estas palabras fuertes y valientes: su rostro radiante cambia y se ensombrece, se queda con cierta preocupación, como si tuviera presentimientos ominosos del futuro que esperaba a Ernesto en años posteriores. La misma expresión cubre su cara cuando los dos se despiden en Venezuela, y el Che se marcha en avión. Antes de irse, dice: “En este tiempo que pasamos en la ruta, sucedió algo, algo que tengo que pensar por mucho tiempo. Cuánta injusticia, ¿no?”.

Al final del día de su cumpleaños, Ernesto da el paso final y manifiesta sus creencias en la igualdad y justicia social: su asma no le impide meterse en el río y nadar al otro lado para despedirse de los pacientes y pasar las últimas horas con ellos, más que con sus compañeros del trabajo. Antes había utilizado el argumento de ser asmático para no entrar al lago para recoger el pato al que había disparado Alberto. Este acto de sacrificio a sus ideales sirve como un símbolo del camino que ya había elegido para siempre.

Diarios de motocicleta es una biografía cinematográfica y así, magníficamente, sigue la tendencia del cine de nuestra época de volver a visitar el pasado. El cine contemporáneo se conoce como cine hipermoderno, calificado por Lipovetsky y Serroy con los conceptos de imagen-exceso, imagen-multiplejidad e imagen-distancia. En su ensayo La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna, ambos autores indican que “el hipercine es inseparable de la hipertrofia (exceso) rememorativa que invade la pantalla”, porque vivimos en el tiempo de “la memoria general, de la rememoración a ultranza, otra figura del exceso moderno”. Efectivamente, una gran parte de la cinematografía de hoy está basada en los hechos reales, en los grandes acontecimientos, al igual que las figuras históricas. Sin embargo, ya es un pasado “no heroificado, sino humanizado”. El personaje del Che y su viaje es un buen ejemplo de esta tendencia: se ve cómo a un hombre honesto se le tiene simpatía. Además, el futuro comandante tiene muchas dudas, sufre fuertes ataques de asma, pasa apuros en el viaje. No es el mismo  revolucionario, cuyas imágenes del uniforme conoce todo el mundo. Otra característica del cine hipermoderno se refiere a un hecho que, como “en un mundo globalizado se buscan todas las identidades”, el cine histórico participa totalmente en este movimiento de examinar “la identificación particularista, las raíces, los vínculos comunitarios que permiten contrarrestar la dispersión, el desconcierto, el aislamiento de los individuos”. A través del viaje por Sudamérica que hicieron Ernesto y Alberto: el viaje a las raíces de su cultura para redescubrir su patrimonio, se ve que ambos héroes sienten un vínculo de unión con todas las personas que conocen en su camino. Para un espectador europeo es una manifestación extraordinaria y conmovedora de la identidad que ambos desean compartir con la gente latinoamericana, no solo de su propio país y se entiende perfectamente el mensaje de América unida que Ernesto incluye en su discurso durante el brindis en el día de sus cumpleaños. Por lo tanto, el cine de la memoria “ofrece, en una época caracterizada por la rehabilitación y la reconstrucción de identidades, elementos simbólicos para que cada comunidad recupere su historia, su identidad y su dignidad”.

Lo que sucedió en la vida de Ernesto Guevara, es otra historia. Partió a luchar por sus ideales al Congo y a Bolivia, donde fue capturado por el ejercito regular, y con el apoyo de la CIA, asesinado en octubre 1967. El filme nos ofrece una aclaración sobre los inicios de la leyenda de Che Guevara: en aquel momento, un soñador hermoso, un defensor de los desfavorecidos, queriendo ser su voz y su esperanza, los deseos que todos deberíamos compartir, como seres humanos.

Fuentes:

Documental: The True Story of Che Guevara 

Ernesto Guevara (Wikipedia)

Jon Lee Anderson (Wikipedia)

Diarios de motocicleta (Wikipedia)

 

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Diarios_de_motocicleta_(pel%C3%ADcula)

 

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