En un mundo abandonado

Abandonado, como el mundo del título, encontramos al guion del filme, que parece preocuparse únicamente de las relaciones sentimentales melodramáticas de los personajes, de con quién se acuestan, con quién se levantan y con quién engendran, sin profundizar en absoluto en otras relaciones personales y caracteres de sus protagonistas, sus medios de vida, sus lazos afectivos actuales o preocupaciones cotidianas. Del argumento es también responsable la propia directora, Margarethe von Trotta, y parece que está basado en sus experiencias personales, con connotaciones autobiográficas de un pasado misterioso.

El film arranca cuando Paul Kromberger, el padre de Sophie, encuentra una fotografía de una cantante de ópera, que guarda excepcional parecido con la que fue esposa del primero y madre de la segunda, recientemente fallecida. Y a partir de ahí, sólo vemos un puro culebrón, que lamentablemente se va estirando mucho más de lo que nos gustaría, y que por el camino destapa y nos sorprende con algún personaje que parece salido de la lámpara mágica de Aladino. El hilo narrativo se intuye demasiado precipitado, a pesar de lo cansino que termina resultando la propuesta fílmica, con el olvido de las necesarias pausas para aportar el suspense y proceder a la correcta asimilación de acontecimientos.

Fotograma de En un mundo abandonadoPelícula rodada en dos países, Alemania y Estados Unidos, de gran despliegue técnico y con la intervención de actores muy cotizados (Katja Riemann, Barbara Sukowa, Matthias Habich, Robert Seeliger…), únicamente se salva por la excelente fotografía, magnéticamente saturada, acorde con el melodrama que se narra, y por una banda sonora muy atractiva, pero torpe en no recoger mayores y mejores momentos de la ópera representada, Norma, de Bellini. Katja Riemann y Barbara Sukowa, las dos actrices principales, ya habían trabajado con la directora, y la primera destaca en la interpretación de atractivas intervenciones musicales. Del diálogo se abusa en todo el film para ir hilvanando el casi patético recorrido de la trama, recurso ciertamente pobre para una realizadora que es capaz de dar mucho más de lo exhibido (recordemos que es autora, entre otras, de las películas Las hermanas alemanas, Die bleierne Zeit, de 1979; Rosa Luxemburgo, de 1983, o Hannah Arendt, de 2012, además de dirigir conjuntamente con quien fue su marido, el director alemán Volker Schlondorff, la adaptación cinematográfica de la novela de Heinrich Böll, El honor perdido de Katharina Blum, Die verlorene Ehre der Katharina Blum, en 1975 ) . La obra desemboca en una falta de credibilidad y torpeza en el relato de los hechos, que logra emborronar cualquier misterio que se haya intentado esbozar, aporta confusión y obstaculiza la asimilación de los acontecimientos. Se fuerza una historia de amor de una de las protagonistas, sin demasiado sentido, y las inquietudes mostradas se acercan más a las ambiciones de un folletín de televisión de sobremesa, que a una película seleccionada a concurso de un festival tan prestigioso en su dimensión de acercamiento a intereses próximos, auténticos, humanos y sociales.

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