Enemy

En 2010, el canadiense Denis Villeneuve aparecía en el panorama cinematográfico internacional gracias a la nominación de Incendies como mejor película extranjera en la entrega de los premios Oscar. Luego, conocimos Prisioneros (2013), un policial con fuerte carga simbólica, adaptado de la obra del dramaturgo libanés Wajdi Mouawad. Enemy es su sexto largometraje, basado en la novela corta de José Saramago. Un thriller psicológico en el que el simbolismo cobra un mayor protagonismo.

Del mismo modo que en El doble, la novela psicológica de Fedor Dostoievski, el protagonista escinde su personalidad entre sus deseos personales y sus frustraciones, en Enemy, Adam (Jake Gyllenhall), un profesor universitario hastiado de su gris vida cotidiana, descubre que Anthony, un actor mediocre, se le parece excesivamente. La obsesiva búsqueda de su doble, la insistente necesidad de encontrar en él rastros de su propia vida, llevan a Adam a realizar un recorrido no sólo físico, sino también existencial. Estos dos hombres tienen como contraparte a sus parejas. El profesor mantiene una relación desmotivada con su novia Mary, mientras que el actor espera junto a su celosa esposa Helen, a su primer vástago.

Si la novela nació en la mente de Saramago mientras se afeitaba frente a un espejo, cobró la apariencia que hoy vemos en la pantalla luego del encuentro enriquecedor de los tres protagonistas masculinos, responsables de la película: su director, el guionista (Javier Gullón) y el actor, quienes aportaron sus propias experiencias personales para dotar a los personajes de características que pudiera permitirle al filme deslindarse de la carga literaria que lo precede.

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El hombre duplicadoUna ciudad fría, deshabitada, en la que los personajes se desplazan en una especie de laberinto kafkiano, para llegar a espacios cerrados, sus propias viviendas, con paredes despojadas y ambientes oscuros. Hay ecos de otros directores y de otras películas en las atmósferas y situaciones de Enemy. Los siameses que disputan impotentemente su propia autonomía de Dead Ringers (1988) o los insectos que intervienen la existencia de los personajes en Naked Lunch (1991), de David Cronenberg; las relaciones de pareja obsesivas y destructivas de, por ejemplo, Blue Velvet, de David Lynch; o la oscura búsqueda de placeres clandestinos, como en Eyes Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick, por mencionar apenas algunas.

La contraparte femenina busca equilibrar la obsesiva desazón de Adam y la aparente seguridad de Anthony.  La madre de Adam arroja la primera pista… Mary y Hellen muestran dos ángulos de un mismo y continuo reclamo, ya sea explícito o implícito, pero arrastran sus vidas llenas de hastío, en espera de aquello que sus varones no pueden satisfacer: la simple atención, porque están ensimismados en su propia existencia.

Esa primera pista que nos brinda la madre (Isabella Rossellini) desanuda para el espectador todo el conflicto. Es una pequeña fisura en la narración, donde ella habla con conocimiento de algo que Adam cree saber en privado. Allí, el espectador ya no espera más que lo que vendrá.

El hombre duplicadoLo más rescatable es lo que Villeneuve consigue con sus atmósferas misteriosas, con sus locaciones que parecen ser las de los países del Este en su etapa más oscura, esos edificios de cemento, con ventanas simétricas y desnudas, los espacios naturales con árboles invernales y su continua mención a una de sus constantes narrativas: la araña y la tela que teje, replicada en varias metáforas reiterativas. La araña como ente femenino, que teje su tela pacientemente, para esperar en el centro a su presa, motivo de su supervivencia, pero también símbolo de destrucción para la víctima.

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Hay rasgos misóginos en Enemy, sobre todo porque ese marasmo existencial de Adam no se debe a un sistema social determinado, a su incapacidad de ser feliz, ni siquiera a un evento preciso que lo coloque en esa situación de anodina rutina. Son sus mujeres las que delatan el entramado de una tela en la que parecen estar cautivos. El desarrollo de la historia va cobrando un ritmo moroso a partir de la mitad, cuando ya detectamos hacia dónde nos quiere llevar su propuesta. Desde entonces, su interés decae y ni siquiera el golpe efectista del final logra empujarnos a hacer una relectura que la salve de su predecibilidad.

 

Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=ty3U5RRb2YI

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