Episodio VII: El Despertar de la Fuerza

Star Wars, la space opera que marcó un antes y un después en la historia del cine, vuelve a los orígenes para contarnos qué es lo que ocurrió tras la destrucción de la segunda Estrella de la Muerte en Episodio VI: El Retorno del Jedi (The Return of the Jedi, Richard Marquand, 1983) treinta años después.

Contar con J.J. Abrams para recoger el testigo del genial George Lucas, no ha podido ser más acertado. El talentoso director y guionista, que ya resucitó en su día la saga Star Trek (2009, 2013) con dos entregas muy potentes, se enfrentaba al más difícil todavía: continuar con la serie de películas más expuesta al debate crítico e inconformismo crónico de todos los tiempos.

El resultado de Episodio VII: El Despertar de la Fuerza mejora, sin duda, el recuerdo de las dos primeras precuelas (La amenaza fantasma y El ataque de los clones, George Lucas, 1999 y 2002). Su posición cualitativa, por pura vocación de su director y su equipo, es la trilogía original.

A estas alturas, el creador de Perdidos (Lost, 2004-2010), aunque consolidado visionario de universos propios, es reconocido como el más enérgico arqueólogo de aquel añorado cine de los ochenta, que encabezaba, entre otros, el mágico tándem Spielberg/Lucas. El director tal y como lo demostró con Super 8 (2011), desde hace tiempo se esfuerza (y Hollywood, encantado) en ser el estandarte de aquella explosión creativa que, de una vez por todas, ponía de acuerdo a crítica y público.

máscara darth vaderEn ese sentido, el director proyecta una curiosa metáfora motivacional en la figura del malvado de la Primera Orden, el nuevo enemigo de la República que surgió de las cenizas del Imperio. Kylo Ren está obsesionado con la figura de Vader, que no de Anakin Skywalker y su debilidad por su hijo Luke. Abrams se postula como un acérrimo defensor de las virtudes de la trilogía original (IV, V y VI) y muy, pero que muy crítico con las precuelas (I, II y III). Su veneración al Lucas de aquella época es tan radical como su decepción (compartida por multitud de fans) por el mismo director de principios de milenio, y no tiene reparos en mostrarlo recursivamente en pantalla. Esta analogía es la guía de ruta de Episodio VII: El Despertar…, y la clave para entender su mayor virtud: recuperar la fórmula de la trilogía original, pero también, su peor defecto, por exceso: el despliegue obsceno de alusiones redentoras. En especial a Episodio IV: Una nueva esperanza (Episode IV: A New Hope, George Lucas, 1977).

Lea también  Tomorrowland: El mundo del mañana

Por tanto, asumiendo que la película peca de abusivas referencias fantasmales a la primera trilogía y que, en consecuencia, penalizan sustancialmente su originalidad, encontraremos que ese caprichoso peaje no ha empañado en absoluto sus innumerables logros. El mejor de ellos: hay relevo para los míticos héroes de antaño.

Tal y como ocurrió en 1977, se mezcla la veteranía de actores consolidados con la juventud de actores desconocidos, lo que mejora la identificación de los personajes en el universo lucasiano.

El mejor hallazgo es Rey (Daisy Ridley), una nueva versión de “El héroe de las mil caras” (Joseph Campbell). De nuevo la estructura narrativa adopta el esqueleto ancestral del “monomito”, o mito universal que dibuja el clásico viaje del héroe, encarnado en esta ocasión por una chica que malvive como chatarrera en el planeta desértico de Jakku.

El lado oscuro tiene su efigie en la elección de Kylo Ren (Adam Driver), como el malvado continuador de la “obra” de Vader. Complejo, poderoso y vulnerable. El perfil díscolo y obsesivo de Ren es un acierto. Ese atributo consigue potenciar el desconcierto a la hora de esquematizar su personaje.

rey finn jakkuUna de las parcelas que más se echaron de menos en las precuelas fue la importancia de las batallas espaciales. Es la tarea de Poe Dameron (Oscar Isaac), el mejor piloto de la Alianza que se encarga de mostrar el brillo visual de las naves (retro), recuperadas del icónico arte conceptual de Ralph McQuarrie. Finn (John Boyega), por su parte, protagoniza la original (y un tanto loca) idea de caracterizar un soldado de asalto arrepentido. Es el complemento cómico ideal, primero para Poe y después para Rey. Todos ellos parecen mezclar la versión arquetípica de Solo y Luke. Una de las diferencias con la trilogía original es que los nuevos personajes no resultan tan nítidos. Característica que anuncia un mayor énfasis dramático que los episodios predecesores.

Capítulo especial merece el encanto mitológico de Han Solo y Chewbacca. No es que Han Solo esté de vuelta, es que es el eje fundamental de la nueva entrega. A bordo del Halcón Milenario, Harrison Ford nos recuerda que ha nacido para esto. Hace “lo que mejor se le da”: estar en el lugar equivocado, mientras refunfuña con su carisma infinito.

kylo ren fondo rojoLo que parecía, en principio, más difícil: la conexión entre viejos y nuevos personajes, funciona como un reloj. La fórmula es la sensación de “fuera de lugar” que tanto engancha y que hace que la interacción de los personajes interese. Aunque no todo encaja con tanta precisión. Entre las presencias desdibujadas, la vuelta de Leia (Carrie Fisher) contrasta diametralmente con la de Han. En la misma línea tenemos al líder supremo Snoke, totalmente ajeno al estilo de la película. Además, el efecto “tijera” se nota mucho en la participación de varios personajes, que a priori son relevantes. En ocasiones la aportación es nimia, como es el caso de Lor San Tekka (Max Von Sydow); en otras, se interrumpe bruscamente, véase Maz Kanata (Lupita  Nyong’o).

Lea también  Eddie el Águila

rey han solo espada láserEl apartado estético es sobresaliente. Llama la atención el preciosismo de un buen número de “salvapantallas”. A destacar las panorámicas en Jakku del destructor espacial o el AT-AT, así como el fundido a rojo de la orgásmica demostración destructiva de la StarKiller, la nueva Estrella de la Muerte de la Primera Orden. Por el contrario, el apartado musical se distancia con respecto al cuidado con el que Lucas hermanaba el alarde sinfónico del maestro Williams con cada plano, escena o personaje. Es imposible entender Star Wars sin esa narrativa musical. En esta ocasión, Abrams da la impresión de no prestar la misma importancia al valor icónico y descriptivo del compositor de BSO más reconocido de la historia. Sea por el endiablado montaje, sea, de nuevo, por la reiterativa alusión a la partitura original.

El caso es que en conjunto, el empeño de Abrams de reflotar la saga, ha funcionado. Ha devuelto la sensación de tangibilidad de las naves y los decorados; se ha desprendido de la “opresión” digital; ha devuelto la aventura y el humor de antaño, que ameniza el foco transcendental; y todo con un montaje pulidísimo, un ritmo de vértigo, y un despliegue de “cajas mágicas” (tramas abiertas) marca de la casa. Porque es cuando Episodio VII: El Despertar… rompe sus aranceles reverenciales, el momento en el que la nave de Abrams solicita su lugar en la Galaxia. La nueva trilogía pide a gritos una trama más original. Es más tiempo de esperanza que de añoranza.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=UfCSFEn7RuM

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *