I Hate Love

Es una fortuna que de pronto lleguen películas a la cartelera mexicana que hayan logrado salir ilesas de las temáticas recurrentes (narcotráfico, violencia, inseguridad) para poder mostrar una de las millones de historias que suceden a diario en el país, y que son tan “universales” y únicas que podrían pasar en cualquier rincón del mundo.

Odio el amor es la segunda película de Humberto Hinojosa Ozcariz (Oveja Negra, 2009), en la que retrata la historia complicada entre un chico mexicano que ha quedado sordo (Robo) y una joven norteamericana depresiva (Eve), que –sin explicación alguna- parece tener una influencia auditiva en la vida de él.

Después de una introducción donde se explican las razones por las que Robo ha sufrido la pérdida del oído, Hinojosa mantiene la atención en la vida del joven y sus dos mejores amigos (Caca y Cobra); todos llevan una existencia normal en la Ciudad de México: atienden a la escuela, salen a pasear, conocen chicas… rutina pura. Mientras tanto, aparece Eve en cualquier ciudad americana, saliendo del hospital tras su último intento de suicidio. Ella y su padre se dirigen a México a encontrarse con sus destinos.

En medio del amor a primera vista entre Eve y Robo están las emociones de Cobra, quien también siente algo por Eve. Todos conviven unos días y así, entre la rutina y un viaje a la playa, entre las olas, el arena, el sol, la ciudad, el metro y la carretera, las miradas intensifican la relación entre los dos protagonistas y seguirá conflictuando a aquellos que están a su alrededor.

ihatelove_01Esta historia simple se transforma en momentos intensos que brillan y crecen entre la ciudad. Cada instante juntos se enmarca entre las luces, los desenfoques y la gama de close ups que mantienen la tensión constantemente entre los dos jóvenes. Todo es un juego entre sus pensamientos, sus ojos, sus manos. Primero uno, luego el otro, y de pronto, esas conversaciones kinésicas y proxémicas son interrumpidas por la presencia de los demás. Entonces el ritmo de la cinta cambia, los planos se amplían y se hace presente la realidad que ignoran cuando están juntos.

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Mientras todo sucede, la fotografía de Kenji Katori se mantiene en tonalidades cálidas, con una visión casi onírica de cada minuto del metraje; tal como si estuvieran en una burbuja flotante, en la que hasta el metro de la ciudad se ve como un lugar de ensueño. Así recorren las calles y divisan la ciudad desde la punta de una montaña rusa, y todo en una dimensión que es todos lados y ninguno, y así se convierte en cualquier lugar del planeta.

El universo de Robo gira en torno a Eve y se abstrae en una serie de silencios inmersos en el vacío que se llena con música que –igual que ellos- flota y se mueve lentamente. Las palabras se diluyen entre los acordes y la melodía. El audio expresa emociones propias que van transformándose al paso del tiempo y que separa la realidad de la cercanía. Mientras, quien escucha en la sala se da cuenta que oir fisiológicamente es mucho más que percibir ondas, tiene que ver con la resonancia en el cuerpo y con involucrar todos los sentidos. También con los ojos se escucha.

ihatelove_02Es una historia –que como el agua- adquiere la forma que la contiene, y se convierte así en un cuento de amor emotivo y poético, que recorre la ciudad de un lado a otro, mientras un lenguaje más poderoso que el verbal conecta dos universos, dos nacionalidades, dos idiomas, dos personas únicas que parecía que no compartían nada, y que de pronto deben convivir en el mismo espacio, y se adueñan de él, mientras emanan oleadas de luz y calor.

La película de Hinojosa no se limita, y como su lenguaje visual y sonoro es más poderoso que los diálogos, tampoco importa el idioma o lo que digan los personajes. Así, un buen porcentaje de la cinta está hablada en inglés, aunque la mayoría sea en español, y al mismo tiempo no hay palabras, sino sonidos, música y silencios.

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ihatelove_03I Hate Love es una muestra de lo poderoso que es el amor, no sólo entre dos amantes, sino también entre los amigos y la familia. Sin embargo, el amor también es doloroso y puede costar mucho obtenerlo, o siquiera acercarse a él, y esto es lo que Hinojosa deja muy claro: ¿cómo no vivir en el amor? Pero ¿cómo no odiarlo? Así como une, también es cierto que el amor destruye, fragmenta y separa; el ser humano es complejo y sus actitudes y acciones lo son también.

Con un reparto joven, pocas locaciones y una cámara en mano íntima y cercana a los personajes, el director logra orquestar una historia que sobrepasa todas las fronteras, dejando un sabor de boca cálido, y manteniendo claro que el amor cuesta, a veces mucho más de lo que se espera. I Hate Love es una esperanza, no de escuchar aquello que se desea, sino de vivir todo lo que la vida ha preparado para cada ser humano.

Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=x_4vEbsSlnw

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