La idea de un lago

“… Me paro en la proa del bote, mi papá en la isla, un conquistador en malla, me da la mano. Mi mamá corre a buscar la cámara. Clic. Esta es la única foto que voy a tener sola con mi papá. El invierno llega más rápido de lo esperado y se lleva todo. El 21 de marzo de 1977 desaparece mi papá. Pero esa foto queda. Y muchas fueron las veces que revisé el cajón de la mesita de luz de mi mamá para mirarla. Es en la imagen que más confió”.

Ese “confiar en la imagen”, expresado por Inés (Crespo) con tanta esperanza, será un recorte de la historia que se irá desarrollando. Ella es fotógrafa y está embarazada de su primer hijo. Tiene una relación conflictiva con el novio y no logra armar una buena convivencia. La espera de su bebé la lleva a revivir una historia familiar golpeada por la desaparición de su padre durante la dictadura militar. Junto a su hermano (Juan Barberini) tratará de buscar las respuestas que necesita para hacer un duelo que lleva años de espera. Inés ya es adulta e insiste sobre su pasado, necesita reconstruirlo, aunque en ese camino lidie con la resistencia constante de su madre (muy bien interpretada por Rosario Bléfari), quien nunca pudo superar esa ausencia. 

La idea de un lago, segundo filme de la realizadora argentina Milagros Mumenthaler (Abrir puertas y ventanas, 2011), se inspiró en las imágenes y sensaciones que despertó en ella, el libro Pozo de Aire, de Guadalupe Gaona, compuesto de poemas y fotos familiares. La directora toma esa historia y construye un relato alejado de los convencionalismos narrativos para hablar sobre la memoria, la identidad y los vínculos familiares.

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“El mundo de los recuerdos puede ser leído de distintas maneras, según el momento en que recuerdes, comentó la realizadora. Los recuerdos no están fijados de un modo específico, sino que pueden transformarse y correrse hacia lugares inesperados”.

La idea de un lago, imagen

Esos recuerdos, a los que hace referencia, cobran vida a través de un relato no lineal, organizado entre el pasado y el presente. Un movimiento continuo de tiempos y espacios, desde donde surgen vivencias de la infancia y la irrupción de lo onírico, como un lugar destinado al deseo de la protagonista en relación a su padre. Una ausencia de más, presente en cada fotograma y manifiesta en los personajes, de diferentes maneras. En Inés se presentan, en forma activa, a través de la búsqueda, las imágenes, los sueños. En su hermano, más pasiva, acompañando. Y en su madre, como una eterna espera en soledad y recogimiento.

Filmada en los bellísimos paisajes de Villa la Angostura y en locaciones de Buenos Aires, La idea de un lago se destaca por la composición estética de las imágenes. La armonía de los espacios y la planificación de los planos y encuadres invitan al espectador a una observación casi contemplativa. Bajo el mismo tratamiento, interactúan los distintos formatos visuales (digital, VHS, Super 8, fotografías) que se intercalan a lo largo de la película, aportando texturas y tonos interesantes.

La puesta en escena está sujeta a un texto profundo y de mucha carga emotiva, que se respeta y se traduce en las imágenes con mucho lirismo e imaginación. La transposición del libro alcanza un clima intimista y nostálgico. Una de las escenas más significativas es la del juego de Inés, de pequeña (interpretada por Malena Moiron), con el auto de su familia. Un Renault 4 verde que nada junto a ella en el lago. Ese auto de su papá, con el que viajaban todos juntos al Sur. Pero hay momentos, donde no se logra esa empatía. La mirada de la realizadora adopta un registro distante y demasiado calculado. Se muestra fría y metódica, como el recitado de Inés frente a cámara o en el uso de largos planos fijos, que no se condicen con la historia e interfieren en la continuidad narrativa.

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En una época de simulación, de ruptura post-fotográfica entre lo real y lo irreal, Mumenthaler reivindica ese lazo de unión entre lo verdadero y su reproducción mecánica, entre la fuerza de una imagen y la prueba testimonial de su existencia. “Confió en una imagen”… No hay manipulación ni es fruto de una imaginación infantil, esa foto representa una instancia donde fue feliz junto a su padre. En esa asociación de lo “desaparecido” con lo ficticio, los restos buscados por antropólogos forenses no hacen más que verificar la existencia de ese hombre tomado por una cámara, en el sur patagónico junto al Renault 4 verde y su pequeña Inés.

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