La mentira de Lance Armstrong

Esta es la historia de una mentira, otra de tantas. De un descubrimiento amargo, de una caída desde lo mas alto, de un embuste, de un cuento agrio del que ya sabíamos la moraleja. Es verdad que estas líneas se refiere a la película sobre el ciclista Lance Armstrong y su engaño, que le acompañó hasta forjar un mito deportivo nunca visto, pero descontextualicen y verán. La farsa campa irremediablemente en otros tantos territorios y desvelarla y presentarla ante nuestros ojos, incluso cinematográficamente, hace que nos lleven los demonios.

Es verdad que no es una fórmula nueva pero en los últimos años toma un cariz distinto. Del enfado se pasa al hartazgo y a poner en tela de juicio temas, personajes o ideas que antes aceptábamos como tal. Tal vez estemos madurando.

Pero ahora toca contar este relato que no deja de ser un descubrimiento de algo mil y una vez ocultado y que el propio protagonista de la película, Lance Armstrong, revela al mundo y posteriormente a la cámara de Alex Gibney.

Fotograma de La mentira de Lance ArmstrongGibney pretendía narrar la vuelta al ciclismo de Armstrong, después de retirarse tras ganar siete Tour de Francia. El mito volvía a pedalear y a luchar por su octavo galardón en la ronda más prestigiosa. La pretensión del director estadounidense cambió un mes de enero de 2013 cuando el ciclista concedió una entrevista a la periodista Oprah Winfrey y confesó que se dopó en los años de sus mayores gestas deportivas.

Este secreto a voces, explicado al inicio de la cinta, construye el documental y reflexiona acerca de la persona de Armstrong a través del archivo, del material grabado por Gibney y de entrevistas posteriores a ese punto de inflexión. Se construye así un trabajo en su conjunto digno de ser ejemplo, entre otros, de cómo transcurre el proceso creativo del cine de no ficción, donde hasta el momento del estreno puede cambiar hasta la esencia del mismo.

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Lance ArmstrongY es en este desarrollo donde el director estadounidense descubre la historia de un ángel caído desde lo más alto del Olimpo deportivo y personal. La desmitificación de la figura de Armstrong conlleva, y así se palpa en el filme, la duda hacia su propia persona gracias al gran papel representado, ya lo quisieran para sí muchos actores, en la mayor parte de su carrera profesional. Tal vez todo influyó, el superar una gran enfermedad, el ambiente familiar, las malas compañías e incluso el hambre de fama y espectáculo, tan voraz para algunas personas. Pero no hay que confundirse, el ciclista estadounidense siempre pudo elegir y ante las opciones apostó por la mentira, por amasar falsedades a costa no solo de su salud, también de la ilusión de cualquier aficionado al ciclismo. A pesar de que hay momentos en la cinta donde podemos atisbar como espectadores un sentimiento tan humano como la compasión y la tristeza, Gibney prueba que hubo oportunidades para la redención y el protagonista optó por seguir el juego.

Esta historia viene aparejada a otra no menos candente como es la esencia del propio ciclismo. Armstrong ha sido el caso más evidente de que las cosas se hacían mal en ese deporte, pero las ramificaciones se extienden desde la base hasta las estancias más altas. La película solo puede dejar entrever y sugerir algo que ya ha llenado páginas de periódicos y que la realidad, por decirlo de alguna manera, desenmascarará como lo ha hecho con el deportista.

Fotograma de La mentira de Lance ArmstrongEl documental no necesita más, bastante tiene con destapar, con volver a preguntar, con analizar, con mencionar e incluso insinuar durante sus dos horas de metraje. Este, por cierto, algo excesivo ya que hay momentos en los que se percibe una repetición de datos y situaciones que no hacen más que recalcar la infamia. Sobran también instantes que abusan del espectáculo documental haciendo un flaco favor a la narrativa propia de la cinta. Tal vez la influencia de su personaje tenga algo que ver en todo esto.

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Un amigo dio en la clave cuando tras animarle a ver esta película la conversación derivó en diseccionar, como solo se puede hacer en los bares, los problemas del ciclismo. A su juicio la bicicleta se ha convertido (seleccionen el tiempo verbal que quieran) en un mero espectáculo, como lo han hecho otros deportes masificados y eso ha provocado las corruptelas del estilo a la de Armstrong. Una reflexión de bar tajante, sí, pero que alberga una crítica de calado que podría afectar no solo al deporte, si no también a las artes y por extensión al cine. No me hagan caso, tal vez el rememorar esto me haya traído el recuerdo de una cerveza fría en un tiempo estival ya lejano.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=Brb6c5U4r-U

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