Libertador

Édgar Ramírez interpreta el papel principal de Libertador pero la naturaleza es la estrella. El filme sobre Simón Bolívar de Alberto Arvelo es una coproducción de 50 millones de dólares, la cifra más alta hasta ahora para una película latinoamericana, y la inmensidad de los paisajes naturales se corresponde con ese monto.

La hacienda de Bolívar es un verdor cuya extensión parece infinita. Los planos aéreos hacen patente la pequeñez de Caracas en aquella época, y el vasto entorno que ha devorado el crecimiento de la ciudad.

Lo importante es el significado que tiene esa manera de mirar hacia el pasado, borrando las transformaciones que el avance de la civilización ha causado en la naturaleza. Esas imágenes son el correlato de la representación de Bolívar como “noble salvaje”, como lo llama su maestro Simón Rodríguez, citando a Jean-Jacques Rousseau. Es la esencia americana del héroe, a pesar del barniz de su elegancia y los tres idiomas que habla.

Fotograma de LibertadorEl idilio que vive con su esposa, María Teresa, es también con la naturaleza: se la lleva del artificiosamente cultivado ambiente cortesano a hacer el amor en el campo, en Venezuela. En su arenga a los rebeldes de la selva neogranadina Bolívar compara la fuerza que los mueve a luchar con las de la tierra, y en la representación de la Batalla de Boyacá los patriotas desplazan de un puente a los realistas con el poder de un río que es como la sangre que corre por las venas. Los empujan mientras se escucha el latir de un corazón.

Esa es la misma voluntad con la que los patriotas vencen las alturas nevadas de los Andes. La parte más épica de la película es cuando el ejército libertador supera la inmensa barrera en su camino que es la cordillera, así como la desgracia que más profundamente afecta a Simón Bolívar es haber pedido a María Teresa por la fiebre amarilla. La naturaleza del filme es también un peligro frente al cual no hay salvación que pueda proporcionar la ciencia, y un desafío a la audacia que la sensatez militar y política recomendaría evitar.

Lea también  Paraíso

Esa fuerza telúrica desbordada se contrapone en el filme a la caricatura acartonada de Santander, el defensor de los límites que establecen las leyes. También a la política, que en la película comprende tanto las deliberaciones de los congresos, que rechazaba Simón Rodríguez, como las diversas conspiraciones para acabar con la vida de Bolívar, como si de esa manera se castrara el ímpetu natural del pueblo. La primera secuencia, en la que la cámara sigue al personaje a su llegada al palacio presidencial, en Bogotá, donde planean atentar contra su vida, mostrándolo de espaldas hasta su encuentro con la mujer que ama, Manuela Sáenz, establece esa representación: su rostro es revelado por la pasión; al recorrer la sede del gobierno se lo sigue desde la perspectiva de una sombra, a sus espaldas.

Edgar Ramírez en LibertadorEl correlato de la nobleza del salvaje, a su vez, es la transparencia. En contraste con ella, el banquero inglés, otra sombra de Bolívar, se presenta desde el comienzo como un sospechoso jugador de cartas.

Una premisa como la del noble salvaje pareciera justificarse por la necesidad de que un filme de 50 millones de dólares llegue a mercados extranjeros. Lo de la fuerza telúrica sería algo más fácil de entender que ciertos detalles para los que no tienen conocimiento de Venezuela y de su historia, como la relación entre las castas de la sociedad colonial, que fue razón del apoyo del pueblo al caudillo realista José Tomás Boves. Esas explicaciones, sin embargo, las echó en falta Todd McCarthy en el Hollywood Reporter. Por eso es importante considerar otras posibles razones para no haber profundizado más en los hechos históricos.

Lea también  La larga noche de Francisco Sanctis

En Libertadortambién fueron introducidos elementos de fácil reconocimiento para el espectador venezolano, que le permiten llenar los vacíos del relato con lo que cree que sabe del pasado del país porque se lo han dicho Hugo Chávez y la propaganda en torno a su figura. El público nacional puede aportar así las explicaciones que faltan, sin que haga falta que el filme ahonde en aspectos que quizás tampoco están claros en ese discurso.

Más allá de eso, el protagonista fue dibujado apelando también a un lugar común del melodrama: el inocente perseguido. Por medio de ese recurso se establece, primero, la identificación del espectador con Bolívar, aunque desconozca los detalles de la historia, porque se lo presenta como víctima de conspiraciones desde el comienzo, y través del personaje se lo lleva a identificarse con la fuerza telúrica que es el pueblo en el filme, como es característico del caudillismo populista. Lo que hace del protagonista un héroe es que desde el comienzo es perseguido también por su destino telúrico, que acaba por asumir como objetivo. Libertador, en síntesis, reduce la historia a un espectáculo simple de 50 millones de dólares, que es un melodrama épico de propaganda malo al estilo de Hollywood.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=X4hmftmmp6A

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *