Líbranos del mal

Líbranos del mal es una de las poco frecuentes películas de terror que se basan en hechos reales, los cuales, naturalmente, han sido condimentados con dosis de ficción y de espectacularidad terrorífica para llevarlos al cine de forma que sean espeluznantes y sorprendentes y de mayor atractivo comercial. Se basa en las crónicas policiacas de Ralph Sarchie (Eric Bana), un agente que trabaja patrullando e investigando en el distrito neoyorquino del Bronx. En uno de sus trabajos se ve involucrado en una serie de extraños incidentes, que resultan relacionados con casos de posesiones demoníacas. Así resulta atraído, a pesar de su actitud objetiva y su reticencia, hacia la práctica del exorcismo y otras formas de expulsiones de demonios, de la mano del sacerdote hispano Mendoza (Edgar Ramírez), quien ha desarrollado experiencia en este tipo de situaciones.

Para acentuar los momentos de terror, como es usual y como lo esperan los espectadores, se recurre a la aparición de ruidos extraños e inesperados y a la presencia de personajes de caras desgarradas, a modo de seres de ultratumba o con cuerpos cubiertos de leyendas tatuadas o inundados de rasguños y de sangre. En un principio, estos seres aparecen sin mayor explicación o secuencia lógica, pero eventualmente se van entendiendo las cosas y todo adquiere mayor sentido y coherencia. Se logra, así, una mezcla de efectos de terror con situaciones realistas, que de cierta forma ayuda a aceptar que se trata de hechos verdaderos afectados por la desconcertante presencia del mal. Un mal que no corresponde a lo que se asocia con la maldad humana ordinaria, esa que se manifiesta en el crimen, la traición, la mentira dañina, los vicios y el egoísmo extremo; más bien, se trata de un mal mucho más oscuro e inexplicable, no atribuible a la naturaleza humana, sino a la intervención de demonios que se apoderan de las mentes y de los cuerpos, y que solamente puede controlarse con prácticas como la expulsión de esos espíritus malignos y el exorcismo.

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Líbranos del mal. FotogramaTodas estas situaciones terribles tienden a aparecer, en los filmes de terror, durante la noche y en sótanos o lugares oscuros, lo cual corresponde muy bien el temor atávico que poseemos los seres humanos a la oscuridad. La plena luz del día no permitiría tan fácilmente las secuencias de seres aterrorizados o de entes terroríficos que hacen ruidos, que aparecen y desaparecen de la nada. Pero en este filme, la noche y la oscuridad se convierten en decididos protagonistas de la acción. Las luces tienden a manifestarse como herramientas que permiten al investigador protagonista y a los espectadores iluminar aspectos de la escena, en forma de haces de luces focalizados, de aspecto azulado o amarillento, como los de una linterna fantasmal. Esto obliga a esfuerzos de enfoque de parte del observador, lo cual crea una atmósfera de participación y a su vez, de expectativas. Considero que este es un aporte novedoso de esta película, que mantiene la tensión durante todo el filme.

Imagen de la película Líbranos del malHay un asunto de interés sociológico en Líbranos del mal y tiene que ver con el origen de estos males demoníacos, como fenómenos que vienen desde afuera, allende las fronteras de la ciudad o del país. Ya desde el comienzo, veteranos del ejército estadounidense traen a escena los terribles males, encontrados en alguna cueva perdida y misteriosa en los desiertos de Oriente Medio. También los traen inmigrantes latinos, como los que trata el padre Mendoza en sus trabajos pastorales en el Bronx. De forma arbitraria, y por ello más terrible, el mal va saltando hasta llegar a poseer a habitantes de las zonas aledañas. Se justifica, de esta forma, la idea del mal demoníaco como algo externo al individuo y a sus tierras cercanas y del cual solo queda librarse mediante ruegos y exorcismos que se hacen mediante el poder de Dios o de Jesucristo. Se excluyen entonces a la sicología, a la mente o al mismo cuerpo del individuo, como explicaciones de los extraños fenómenos y posesiones. Entra acá la vivencia religiosa como posibilidad, la cual es practicada por un sacerdote bastante atípico y particular, que combina sus actividades pastorales y educativas, bien necesarias en los sectores deprimidos y pobres, con atrevimientos exorcistas, que son peligrosos para el que los dirige, pues se puede quedar solo, apenas rodeado de su locura y de sus propios demonios y culpas.

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Deliver Us From DevilSe genera entonces la amistad, algo que vale la pena resaltar, como aspecto novedoso en las películas de terror, entre el padre Mendoza y el detective Sarchie, lo cual sirve de apoyo a ambos protagonistas para la real liberación del mal que los persigue, no solamente del que se atribuye a los demonios, sino del que se relaciona con las propias culpas y con las historias personales, que salen a la luz para ambos personajes, a base de diálogos que dan humanismo y sentido más profundo al filme. Esta amistad, según la realidad misma de la no ficción que se nos narra, da lugar a que Sarchie y Mendoza se unan y se dediquen a trabajar juntos en los vecindarios de inmigrantes que se ven azotados por estos males diversos y terribles.

Hay que resaltar también que, de ser ciertas estas cosas, el vivirlas en el cine, en vez de sentirlas en la realidad, nos deja una sensación de liberación que no hay que menospreciar y que quizás sea la razón para que este tipo de películas resulten atractivas e interesantes para tantos espectadores.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=UAZ12IgDoBI

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