Lita Stantic. El cine es automóvil y poema

Creo que en ésta época de globalización los países ya no tienden a dividirse en Norte y Sur. La única posibilidad de defendernos de la globalización es tener imágenes propias. (…) Y eso está muy conectado con la cultura. Lo que pasa es que la capacidad de las imágenes de trasladar contenido es muy fuerte. Por eso me dedico al cine.

Lita Stantic, “Primer Seminario de Análisis Crítico de la Realidad Argentina, 1984-1999”.

 

Elida María Stantic (1941), su verdadero nombre, nació en Buenos Aires y desde muy joven se nutrió de cine. Estudió la carrera de Letras, fue cinefila, crítica y cortometrajista. Hizo publicidad y apoyó el cine revolucionario y militante de los años sesenta. Desde 1978 se dedica a la producción, siendo una de las pincipales productoras de cine argentino. Fue la primer mujer admitidida en el cargo de jefa de producción dentro de una industria administrada mayormente por hombres. En 1993 se animó a dirigir su primer y único largometraje Un muro de Silencio, sobre el cual podrá leerse una crítica dentro de este número. El film no sólo sintetiza su compromiso político en materia de derechos humanos y justicia social, sino que habla sobre la memoria y el peso de las pérdidas causadas por la dictadura militar que sufrió la Argentina (1976-1983).

Se publicaron muchos artículos sobre su trabajo, también se la ha distinguido, en el año 2012, como “Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires” en el ámbito de la cultura; sólo faltaba un libro que resalte su trayectoria y narre aspectos de su vida desconocidos por muchos. El cine es automóvil y poema, editado por Eudeba, se ocupa de hacerlo y muy bien. Sus autores Fernando Martín Peña y Máximo Eseverri logran un interesante trabajo y un sentido reconocimiento a la carrera de Stantic desde sus inicios hasta la actualidad. El lanzamiento, que forma parte de la colección Cosmos, dedicada al análisis crítico de obras y protagonistas de la historia del cine, se acompaña de un dvd con el largometraje remasterizado de Un muro de Silencio (1993) y dos cortometrajes El bombero está triste y llora (1965) y Un día(1966).

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La obra, que lleva por título una frase proveniente de Rene Clair, en la cual se sintetiza su concepción sobre el cine, tiene una estructura dinámica y anacrónica. Dividido en seis capítulos que van desde lo autobiográfico hasta el análisis crítico, encontramos relatos de Stantic, en primera persona, que se mezclan con textos de los autores en los que desarrollan y contextualizan la influencia de los procesos políticos sobre la industria cinematográfica. También hay entrevistas, fotos, artículos, un anexo documental del guión de Los Velázquez, escrito por el cineasta desaparecido y esposo de Stantic, Pablo Szir y la ficha técnica del film que se acompaña.

Si comunmente definimos al productor como la persona que gestiona cuestiones económicas, materiales, administrativas y técnicas de un film, en el caso de Stantic, la definición sobre su rol se orienta hacia otra dirección: “el productor es el que ayuda a pensar al director”. Y en esa relación, se desempeñó junto a los principales directores del cine nacional: Lautaro Murúa (La Raulito), Adolfo Aristarían (La parte del león), Alejandro Doria (La isla) y Eduardo Mignogna (Sol de otoño). Colaboró en la difusión de La Hora de los Hornos (1966-1968) de Fernando Solanas y Octavio Getino, cuando, en los setenta, la utopía de tomar al cine como una herramienta revolucionaria parecía alcanzarse. Durante la década del ochenta se asocia junto a la cineasta María Luisa Bemberg creando la producta Gea. Stantic produjo cinco de sus seis exitosos largometrajes: Momentos; Señora de nadie; Camila; Miss Mary, y Yo, la peor de todas. La trascendencia que alcanzaron estimuló el rol de la mujer dentro del ámbito cinematográfico. Al llegar la década del noventa, la necesidad de un cambio estético y formal en nuestra cinematografía se produjo a partir del aporte de una nueva generación de jóvenes cineastas: Lucrecia Martel (La ciénaga), Pablo Trapero (Mundo Grúa), Lucía Cedrón (Cordero de Dios), Adrián Caetano (Un oso rojo), Pablo Rayero (Dársena Sur), entre otros.

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Nunca pensé “voy a ser la productora del nuevo cine argentino”. Se dio así. Busqué a Lucrecia Martel porque me gustaron mucho sus cortos, me involucré en Mundo Grúa porque Pablo Trapero se acercó y me gustó lo que había filmado. A Adrián Caetano lo conocí en un viaje y me empezó a mandar guiones. No fue deliberado”, comenta Stantic.

En El cine es automóvil…, la construcción de imágenes propias; el ayudar a pensar; el rol de la mujer en el cine, y la política atravesándolo todo, son algunos de los principales temas y conceptos que se abordan con lucidez y cercanía. El recorrido a través de sus páginas nos permite apreciar el aporte, la generosidad y la coherencia con la que Lita Stantic ha trabajado a lo largo de estos años en post de un cine con identidad, memoria y belleza artística.

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