Locke

La vida está conformada por un compendio de decisiones que van más allá de la dicotomía entre el bien y el mal. Elegimos quienes somos a través de una constante disyuntiva entre lo que decimos, hacemos y pensamos. La mentira y la honestidad se vuelven armas peligrosas dentro del círculo que nos rodea y determinan la cercanía que poseemos con el resto de la gente. No obstante, llega un momento en el que nos encerramos en nosotros mismos para buscar respuestas a las cosas que nos atormentan, y la ilusión de paz construida alrededor se desborona.

Locke narra exactamente ese momento en la vida de un hombre, esposo ideal, trabajador esmerado, y buen padre de familia. Locke es esa transición desde la zona de confort que toda persona anhela hacia una incómoda búsqueda por alcanzar algo que parezca verdadero, por desagradable que sea. Locke son 85 minutos en tiempo real encerrados dentro de un auto que se mantiene en movimiento, a pesar de las turbulencias emocionales de su conductor, Ivan Locke. Porque tal es el curso de la vida: por muchas tribulaciones que asolen la ruta, no es posible detener el tiempo para sentarse a reflexionar. Hay que ir sobre la marcha y defenderse como sea posible.

Steven Knight demuestra su valía dirigiendo una desafiante y estilizada película dónde no pasa “nada”, físicamente hablando. Al igual que Enterrado (Buried, 2010) con la cual es inevitable no hacer comparaciones, la mayoría de la trama avanza a través de las conversaciones que realiza el personaje principal desde la única herramienta de contacto que tiene con el mundo exterior: un teléfono. En el caso de Ryan Reynolds, su encierro dentro de un ataúd varios metros bajo tierra transmitía una desesperación mortífera, una lucha por conservar su vida. En el caso de Tom Hardy, que asume su rol con una naturalidad admirable, el auto funciona más como un refugio, una coraza que lo separa del resto del mundo y que le sirve para armarse de valor, porque en vez de intentar por todos los medios conservar su vida, más allá de rendirse ante el instinto de supervivencia que lo ata a una paz efímera, intenta destrozar las mentiras que la conforman.

Lea también  Los siete magníficos (2016)

Fotograma de la película LockeEsto nos enfrenta con un personaje complejo, de rígidas orientaciones morales hacia lo que es correcto y lo que no. Cometió un error, un desliz mientras se encontraba lejos de su hogar: una noche de placer con una mujer prácticamente desconocida, una mujer que ahora está a punto de dar a luz. Iván, cuyos códigos fueron influenciados por la figura de un padre ausente, no desea que su hijo bastardo corra con la misma suerte que él. Ve la posibilidad de redimirse, de conducir hacia la expiación si es capaz de estar esa noche junto a él, sin importarle las comodidades que desaparecen alrededor. Al atravesar Londres rumbo al hospital, Iván tiene una casa, un hogar, un trabajo estable, una reputación. Al llegar a su destino podría perderlo todo. El viaje no está libre de sus tentaciones, pero a pesar de las flaquezas predomina la determinación, decidido a hacer lo que considera correcto.

El guion también está a cargo de Knight, entre cuyas obras pasadas se encuentra la genial y un poco olvidada Promesas del Este (Eastern Promises, 2007) de David Cronenberg. El trabajo en la construcción del personaje de Iván está muy bien logrado, y las conversaciones van aportando detalles que lo convierten en alguien muy real. A pesar de la situación de tensión a la cual está sometido en el momento justo de nuestra visita como espectadores, es fácil sentir empatía hacia él. Es fascinante cuando los personajes son capaces de volverse lo suficientemente reales para debatir acerca de sus miedos y motivaciones, y Knight lo consigue.

LockeLa palabra “trepidante” es favorita para describir películas de acción, pero ¿qué puede ser más trepidante que la certeza de atravesar la ciudad para llegar a un destino en que la vida no será como antes? ¿Qué tantas agallas hay que tener para conscientemente embarcarse en la búsqueda de la verdad? Y “verdad” como un término filosófico, no hay que confundirse: Iván no está buscando al responsable de un asesinato, o al ladrón de un tesoro. No. Busca la verdad dentro de sí mismo, de sus emociones, de sus errores.

Lea también  Un largo viaje

Es fácil derretirse en halagos hacia Knight y Hardy, pero otro aspecto que no se debe pasar por alto es la fotografía de Haris Zambarloukos. Es uno de sus trabajos más minimalistas al contar con un espacio reducido para componer, pero también es el mejor. Las luces de Londres por la noche reflejadas en el rostro de Iván mientras conduce conforman imágenes sencillas pero muy limpias, correctas. Se aprovecha también en el montaje el uso de las disolvencias, útil de forma simbólica, pues logra un barrido sobre el rostro del protagonista, que se pierde y se encuentra, que deforma su existencia con la esperanza de alcanzar la paz.

Locke se grabó en ocho días, solo seis con Hardy, que interpretó de principio a fin en una toma continua las líneas de su personaje mientras que el resto de los actores hablaba con él, en vivo, a través del teléfono. Todo eso, dos veces por noche, o por lo menos eso afirma IMDB (Internet Movie Database). Es un ejemplo de que no se necesitan grandes presupuestos para hacer grandes películas. Solo devoción, disciplina, y una historia que sepa mostrar los dientes.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=i9vRKFO6PW8

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *