Los verdugos también mueren

En 1941, el largo camino del exilio llevaba al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht a Santa Mónica, en California, donde intentaría una fallida inserción en el mundo hollywoodense. Antes de escapar, perseguido por el Comité de Actividades Antiamericanas, en 1947, Brecht dejaba un tortuoso intercambio con su coterráneo Fritz Lang, quien llevaba más de una década y seis películas en los Estados Unidos. La historia de cómo surge y se construye el guion de Los verdugos también mueren (1943) está poblada de mitos y leyendas, debido a los constantes y crecientes desacuerdos de Brecht con el mundo del cine americano –al cual ya había dedicado unas amorosas líneas– y al que representaban Lang y el guionista John Wexley. El filme generó innumerables polémicas que culminaron con su prohibición definitiva hasta los años 70, debido a su carácter subversivo y diálogos supuestamente comunistas. Brecht por su parte, renegó del filme y con ello se intensificaría una enemistad cuyo fuego alimentará el dramaturgo hasta su muerte.

Los verdugos también mueren (1943) narra la historia ficcionada del asesinato de Reinhard Heydrich, una de las principales mentes diabólicas del Holocausto. Artífice de la Solución Final, ocupante de varios cargos de importancia durante el nazismo, Protector Adjunto de Bohemia y Moravia –República Checa–, presidente de la Interpol, ideólogo de la Operación Himmler, responsable de poner en marcha el decreto Noche y Niebla, entre otras muchas actividades que delatan un carácter criminal y sádico que le valió los motes de El Verdugo, El Carnicero de Praga o La Bestia Rubia.

Siendo conocedores parciales del ajusticiamiento, Lang decide construir una historia sobre este evento y crea junto a Arnold Pressburguer una efímera productora para la realización del filme, fastidiado por los conflictos que generaba todo proyecto que saliera de la estandarización industrial. La historia de Brecht, Lang y Wexley ubica a la figura del asesino Heydrich en un médico checoslovaco –luego se sabría que habían sido los británicos los ideólogos–, ya que en su esencia el filme es un homenaje a la famosa resistencia checa ante el nazismo. Tras el intento de suprimir su cultura y de convertirlos en esclavos por ser una raza inferior, el pueblo checo se mantuvo unido, creando una verdadero caos subterráneo de sabotajes, silencios y complicidades, que exacerbó las criminales intenciones de su Protector.

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Con un modelo magistral de guion, el filme es una de las mejores piezas de la filmografía americana de Lang y le valió dos nominaciones a los premios de la Academia. Relata la historia del Dr. Franticek Svoboda, quien a través de una elipsis asesina a Heydrich y se refugia en la casa del profesor de Historia, Stephen Novotny, cuya hija, Mascha, lo había protegido en las calles. A partir de este momento, se desarrolla el aspecto verídico de los ajusticiamientos, a la par que los personajes desarrollan conflictos morales en un ambiente de terror y muerte. Historia fabulada en su mayor parte, la creación contiene profundas huellas de la épica brechtiana en la concepción dramática del texto, que determina las características de los personajes o ciertos diálogos permeados de un aliento reivindicativo, como el poema que el preso consulta al famoso poeta Novak o el monólogo del profesor Novotny ante su hija, despedida frente a su primera amenaza objetiva de muerte. El guion, cuya estructuración se encamina constantemente a la fabulación más que a la reconstrucción de una historia que, en realidad, aún nadie conocía bien, se concentra en la representación del pueblo como una unidad inquebrantable, el necesario destino fatal del traidor y en el intento de traducir en hechos el horror que significó la dominación nazi en Checoslovaquia.

Fotograma Los verdugos nunca muerenCon su maestría habitual, Lang desarrolla esta historia literariamente espectacular, dentro de las normas de un clasicismo fílmico, cuyo narrador cinemático se desdobla silenciosamente detrás de una narración lineal, ofreciendo un enriquecedor abanico de personalidades y proyecciones humanas, las cuales no alcanzan a verse proyectadas en filmes contemporáneos como Hitler´s Madman, de Douglas Sirk (1943), o la más reciente versión de este evento, Anthropoid, de Sean Ellis (2016). La voluntad del pueblo checo y la pesadez de un ambiente sembrado de odios se desdoblan en un estilo expresionista, que deja ver las influencia del cine negro, sobre todo, hacia la segunda mitad del filme, cuando los interrogatorios y el destino fatal de sus personajes va cerrándose sobre ellos mismos, a pesar de la obstinación y las habilidosas jugadas de la resistencia checa.

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Ambientes cerrados, sofocados y terribles, la fatalidad como destino, la construcción de significados a través de la utilización de una luz punzante, frontal o que arroja en múltiples ocasiones las largas sombras del terror nazi. La caracterización un tanto caricaturesca de los personajes negativos, frente a la digna representación de los protagónicos y el final, una definitiva resistencia ante los establecidos hollywoodenses del happy ending, ha hecho de este filme un clásico del cine, sobre cuyo voluntarioso retrato histórico, a pesar de lo distanciado que está de la realidad objetiva, no se ha podido equiparar.

Fotograma Hangmen also dieMichael Töteberg presume en su libro El cine de Fritz Lang, que gran parte de las problemas surgidos en la construcción de la historia provenían de las diferencias radicales que sobre la concepción de sus respectivas artes tenían Bretch y Lang. El primero, creador del teatro dialéctico, profundamente vinculado al entorno social y las problemáticas de carácter político; el segundo, totalmente despreocupado por el relato y ciertamente, más interesado en el lenguaje cinematográfico y en lo que concierne y atrapa al espectador. La dicotomía era inevitable, sírvase la discordia una vez más, para generar una obra maestra del cine.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=dDHR1Y_WfbU

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