Múltiple

M. Night Shyamalan vuelve con una de esas historias truculentas que le han consagrado como sinónimo de suspense. Estos galones le fueron concedidos con el magnífico éxito que supuso aquella lejana en el tiempo  El sexto sentido (1999) Desde entonces, la carrera del director ha sido desequilibrada, y en ocasiones, errática. Él mismo decidió dinamitar su carrera en un incomprensible cambio de registro, que le llevo a rodar horrores infectos como Airbender, el último guerrero (2010), o la aburridísima aventura espacial para lucimiento de la familia Smith, After Earth (2013). Para el recuerdo quedaban fabulosos ejemplos de lo mejor que puede dar este director, como El protegido, el personal homenaje M. Night Shyamalan a los héroes del cómic.

Cuando nadie daba un céntimo por el futuro del cineasta, recuperó algo de fuelle con la sorprendente La visita (2013). Una película imperfecta, pero que devolvía alguna de las emociones que dotaban de fuerza a los primeros trabajos de Shyamalan. Eso sí, había algo de fórmula. Los trucos en la chistera de este maestro del suspense ya son algo más que marca de la casa, y la repetición de supuestos impide el disfrute completo de la propuesta. Aún así, como digo, algo de la esencia del mejor Shyamalan se colaba en una historia con algún momento espeluznante más que meritorio.

Tras el pequeño triunfo moral de La visita, llega la hora de la verdad. Múltiple significa el todo por el todo para el director de origen hindú, la certificación de esa forma recuperada o la confirmación de que esos destellos de genio no pasan de espejismo.

Múltiple parte de una sencillez aplastante como película, pensada a partir de la economía de personajes y espacios. A veces, menos es más, y Shyamalan utiliza con inteligencia esas escasas piezas que componen el juego. La habilidad con la que ofrece la información, el astuto uso de la línea temporal para definir a sus personajes, y la tensión atenazante que se adueña del espectador desde el minuto uno son las grandes bazas de la película que nos devuelve la mejor versión de su director.

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Protagonistas de Múltiple

 

La personalidad fragmentada de Kevin, el torturado protagonista de la historia, sirve para la composición de una fantasía sobre el potencial humano. La capacidad de trascender las limitaciones físicas se plantean en Múltiple como un viaje a la locura, auténtico paseo por lo imposible dentro de la mente de un hombre trastornado por el trauma. Shyamalan no se conforma con la potente premisa y fabrica un entorno insano a partir de los puntos en común de Kevin con una de sus víctimas, atrapada en el delirio de un loco, al mismo tiempo que se enfrenta a sus propios monstruos personales. Crea una empatía inmediata con esta joven superviviente, pequeña, ínfima y rota, tan cotidiana como cualquier chica de instituto.

El director despliega entonces todos sus trucos de trilero, envueltos en un brillante nuevo enfoque, pero manteniendo los pilares de su cine. Shyamalan disfruta haciendo equilibrios sobre esa fina línea que separa el mundo real de lo dramáticamente fantástico e imposible que construye el mundo particular del cineasta. Juega con lo premeditadamente confuso, con la dosificación de lo conocido por el espectador, deseoso de respuestas y atravesado por la tensión de una historia dirigida hacia un climax que por evidente no pierde ni un ápice de potencia. Los angustiosos espacios donde desarrolla su historia nos invitan a la claustrofobia, convidados al horror, prisioneros de un director que, en esta ocasión, aprieta las teclas adecuadas del público.

En una época en la que horror en el cine se diluye en espectáculos baratos de susto fácil, Shyamalan apuesta por el sentido clásico del cine de suspense. Se aleja, por lo menos en la mayoría del metraje de Múltiple, de los aparatoso y efectista. El espectador siente esa apuesta por lo pequeño, por lo artesanal, a pesar del despliegue ejecutado en los compases finales de la película. Incluso en esos momentos de músculo, de entrada por la puerta grande en el horror sobrenatural, el resultado final no se desequilibra, y resulta en una coherencia impecable, de agradecer en un director demasiado amigo de los giros hacia ninguna parte.

La protagonista de Múltiple

La construcción de Kevin como un carácter creíble depende, y mucho, de la elección de un actor capaz de dotar de credibilidad a un personaje que encierra a otros tantos. La complejidad de este monstruo recae sobra las espaldas de James McAvoy, inconmensurable en los matices de su interpretación. Las diferentes personalidad de Kevin afloran al exterior de forma contundente en las maneras de un actor entregado en lo físico y lo emocional. McAvoy se adueña de cada plano, su presencia es aterradora y extrañamente hipnótica. De hecho, le da contenido a un personaje definido por su enfermedad mental, y lo transforma en un ser roto, que provoca terror, pero que no deja de ser un prisionero de su propia fragmentación mental, tanto como las chicas secuestradas.

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En ese sentido, Anya Taylor-Joy cumple como réplica del protagonista. Conocemos su historia a base de flashbacks, otra de esas trampas argumentales tan reconocibles en el cine de Shyamalan, una trama paralela que conecta con los traumas y el dolor del protagonista.

Aunque si tenemos que destacar algo por encima del resto es al propio director. M. Night Shyamalan demuestra su estilo tras la cámara, elegante, intuitivo y sórdido al mismo tiempo. Controla con maestría los tiempos, y los movimientos de cámara se adaptan con fluidez a los distintos ritmos que ofrece la evolución de su historia. Incluso cuando en apariencia no sucede nada, el espectador se encuentra en estado de alerta. Echábamos de menos esa capacidad de hacer tanto con tan poco que nos cautivaba de los primeros éxitos del director.

Como curiosidad, el final nos deja un homenaje autorreferencial, y me lleva a una pregunta: ¿Está Shyamalan creando su propio universo superheroico? Sería una genialidad.

Trabajo de redención de un director necesario en el género fantástico, dueño de un mundo visual propio de primer orden. Entre otras cosas, Múltiple ha conseguido que, de nuevo, tengamos curiosidad por los trabajos futuros de este cineasta. Todo un triunfo para Shyamalan, que se ha pasado una década recibiendo varapalos de la crítica y la indiferencia del público.

Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=84TouqfIsiI

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