Obediencia Perfecta

La pederastia es un tema de esos que se prefieren guardar en un cajón y olvidarse. Sin embargo, cada día son más y más los casos que resuenan en los noticieros, y más cuando se acompañan con algún personaje que forme parte de la comunidad ecleciástica. Es ahí cuando la indignación se hace exponencial. No obstante, es un tema que a la gente no le gusta tocar, porque pone en tela de juicio los valores de todo un sistema religioso y social.

Obediencia perfecta es la ópera prima de un director desconocido llamado Luis Urquiza, quien se basó en el libro homónimo de Ernesto Alcocer, en el que se retrata el tema de la pederastia en la Iglesia, haciendo una ficción que presume estar basada en hechos reales, específicamente en el caso del fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.

No es el fin de esta crítica ahondar en el tema específico de Maciel, pero parece importante destacar que fue el morbo y la controversia de este fenómeno lo que ha llevado público a las salas, aún pese a ser un tema non-grato para un alto porcentaje de los espectadores. A decir del director, el objetivo es concientizar, y tal vez logre llamar un poco la atención, pero al final no tiene la fuerza ni la contundencia para sacudir al público.

Varias películas con este tema se han realizado con anterioridad, las dos más cercanas son El Crimen del Padre Amaro (Carlos Carrera, 2002) que es una ficción y retrata a un sacerdote que rompe sus votos de castidad por acercarse a una chica en un pequeño pueblo. La otra, es un documental titulado Mea Maxima Culpa: Silence in the House of God (Alex Gibney, 2012), que habla sobre distintos sacerdotes alrededor del mundo que han estado involucrados en crímenes de abuso sexual con niños. En el que incluso hay todo un capítulo del Padre Maciel; o la película documental de Alejandra Sánchez Agnus Dei: Cordero de Dios que muestra la historia de un joven que sufrió de abuso y que enfrenta a su agresor décadas después.

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ObendienciaPerfecta_01En todos los casos, es la crudeza de los hechos que presentan lo que intranquiliza y hace reflexionar a la audiencia. No se necesita ver imágenes explícitas, pero sí situaciones emocionales que hagan que la problemática adquiera otra dimensión. En Obediencia perfecta, se dibuja ligeramente la relación entre ambos personajes, el sacerdote y el seminarista, pero nunca se vuelve lo suficientemente arrebatadora como para generar conmoción.

Ciertamente, la producción es limpia, está cuidada y tiene una fotografía que provee una atmósfera de parsimonia “retorcida”, como encapsulada en la década de los setenta, cuando la psicodelia se veía oprimida por los buenos modales y la castidad. Aunado a un diseño de arte que sí transporta hacia ese momento histórico, en el que las cultura y la contracultura pelean constantemente.

ObendienciaPerfecta_02Además de esos aciertos de realización, está por supuesto el trabajo de los dos actores principales: Juan Manuel Bernal –que interpreta al sacerdote Ángel de la Cruz, fundador de la orden de los “Cruzados de Cristo”, y Alfonso Herrera, quien encarna al recién llegado seminarista Sacramento Santos, quien logra sobresalir en pantalla aún con la fuerza de Bernal, consiguiendo una mancuerna con potencial, pero que se queda en la obediencia de un guion deficiente.

La cinta va desarrollándose lentamente, y explica los tres pasos de la obedicencia: 1. Obediencia imperfecta de primer grado; 2. Obediencia imperfecta de segundo grado; y 3. Obediencia perfecta de tercer grado. Efectivamente, esta división podría ser rectora de la película, pero no logra trascender sus distintas etapas, quedando como un mero adorno de la narrativa que sigue su propio curso.

No hay una aportación tangible al tema y tampoco se desenvuelve como una cinta especial o memorable por alguna cualidad de producción, salvo por las mencionadas actuaciones. Sí, acaso, hay un par de momentos de tensión que anuda el conflicto entre los protagonistas y algunas escenas con otros seminaristas, que reflejan las consecuencias del celibato durante la pubertad y la adolescencia.

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ObendienciaPerfecta_03Algunas escenas de dormitorios compartidos recuerdan películas como The Fine Art of Love: Mine Ha-Ha (John Irvin, 2005), en donde las relaciones a escondidas suceden cuando todos duermen, y donde la voluntad de los sujetos se va perdiendo lentamente; no obstante, no hay un diferencia entre tener la disposición de los personajes (como sucede en Mine Ha-Ha) y no tenerla, como se supone ocurre en Obediencia Perfecta.

Lo que sí queda muy claro es que Urquiza ha tratado de mantener muy sus límites de qué se puede ver en pantalla o qué necesita ver la gente para entender la idea. Afortunadamente, no se volcó en ser explícito, pero tampoco ha logrado ser efectivo, puesto que lo que ha contado no es nada nuevo (ni en el tema ni en la forma). No aprovecha las ventajas de retratar los niveles de la obediencia ni expone una tesis que la mayoría de la gente desconozca.

Quizá sea de lo más rescatable el momento en que una madre se niega a escuchar las palabras sinceras de su hijo desesperado y solo, pero es un momento tan breve y sin eco que tampoco tiene el impacto que merece la atención de todos los padres que se han quedado ciegos ante éste y otros temas (como el bullying y las adicciones, entre otros).

Obediencia Perfecta es un intento por llamar la atención al público, y está llena de buenas intenciones, pero carece de una identidad fuerte para quedarse en un ejercicio cinematográfico suficiente. Ojalá que su alcance de distribución ayude a crear un poco de conciencia y alerta en las familias, ante la cantidad de peligros que existen y que enfrentan diversos núcleos sociales.

 

Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=RzddKwNFkfE

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