Operación Anthropoid

No se ha librado del típico encasillamiento el joven actor Jamie Dornan, quien con una carrera bastante corta –unas siete películas hasta el momento- y dotes actorales aún en ciernes; luego de su participación en Cincuenta sombras de Grey (Sam Taylor-Johnson, 2105) no logra desmarcarse, ni siquiera con el que posiblemente sea su mejor filme de 2016 y un aparte en el catálogo de sus personajes casi siempre seductores empedernidos. Anthropoid, de Sean Ellis (2016), una producción británica que retoma los hechos que condujeron a la muerte de La Bestia Rubia, el SS-Obergruppenführer Reinhard Heydrich, en el año 1942, trasvasa al actor al cuerpo de un héroe seductor, que junto a Cyllian Murphy, asume una de las misiones más peligrosas de la Segunda Guerra Mundial como si se fueran de paseo al campo, hasta que el amor los hace conscientes de su audacia.

El filme relata la historia de la Operación Anthropoid, nombre con que designó el gobierno británico la misión que tenía como objetivo matar al tercero al mando del gobierno nazi. Con una ubicación histórica precisa y la utilización de imágenes de archivo que ilustran la brutal dominación nazi sobre Checoslovaquia y las fuertes represalias después del ajusticiamiento, comienza un filme que no muestra demasiado interés por la verdad histórica a la que acude, sino que propone un ejercicio de narrativa más bien simplona, predeterminada, con poco de originalidad y un metraje excesivo.

Ubicando el peso de la trama sobre los dos paracaidistas Jan (Jamie Dornan) y Josef (Cyllian Murphy), el filme se desarrolla a través de la mirada de estos personajes, que buscan un contacto en la resistencia checa que se ha perdido debido a la incomunicación. El relato focalizado a través de las miradas de estos dos jóvenes divide su epopeya en dos bloques de difícil conjugación. Por un lado, la llegada a la ciudad, los numerosos enfrentamientos, en algunos casos totalmente gratuitos, más típica lucha de egos entre héroes que habilidad narrativa, y el encuentro del amor; por el otro, la batalla final.

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Fotograma de Operación Anthropoid

Anthropoid falla desde su inicio por tomar el referente histórico como mero instrumento para crear una historia repleta de sentimentalismo de folletín barato. Si en la mayoría de las adaptaciones anteriores se contaba con el valor agregado que tiene este suceso histórico, dígase el valor del pueblo checo, los conflictos morales que ya existían y los que se crean luego de la ejecución o del comportamiento humano ante el horror desatado; Ellis evita todo andamiaje histórico, dejando solo retazos de realidad en fragmentos desacertados y previsibles. Se pierden las posibilidades de buscar en el interior de los personajes o de dibujar conflictos humanos interesantes, para aderezar el relato de esta misión tan peligrosa con una historia de amores desventurados.

Y es que la contrapartida que ofrece el contexto de la Praga que dibuja Ellis es superficial y efectista.  Desde los personajes de la resistencia checa, entre los que podemos encontrar un homenaje al Dr. Novotni de Hangmen also die, de Fritz Lang (1943), en el personaje del tío Hajský, hasta los retratos estereotipados de las chicas modositas pero con capacidad para desmontar un arma, el revolucionario desconfiado como Ladislav o Josef, el tipo duro que al final lagrimea por la pérdida de su amor, no hay más que superficie en las caracterizaciones. Dornan, nominado como mejor actor secundario en los British Independent Film Awards, hace gala de su habitual mirada seductora y su sonrisa arcaica de kuros en la caracterización de un personaje, que a pesar de tener tantas posibilidades, es en este caso totalmente insustancial.

Imagen de la película Anthropoid

El segundo bloque, donde se desarrolla la parte que de este filme hace uso de innumerables catálogos de filmes de guerra, se concentra en el bélico desenlace entre los nazis y la resistencia. Enfocado en las huidas, el crescendo del lagrimeo, la innecesaria pero siempre presente muestra de torturas físicas explícitas visualmente –para el caso, evidente intento de chocar al espectador cuando se le rompen las manos al joven músico-  y la retahíla de tiros, el encuentro final tiene una duración de más de 30 minutos, donde las secuencias, los planos y el manejo fotográfico más interesante – realizado por el mismo director- resultan calco literal de algunos referentes como Hitler’s Madman, de Douglas Sirk (1043), Atentát, de Jirí Sequens (1965), u Operation: Daybreak, de Lewis Gilbert (1975). ¿Apropiación, homenaje o plagio? Según refiere el propio director, observó un gran número de filmes bélicos para llegar a conformar la visualidad del propio.

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Realizado con toda la solvencia técnica y los recursos que son habituales en un filme industrial, Anthropoid toma de la fructífera cantera temática que constituyen las guerras mundiales y los eventos aledaños, quedando como una más en esa larga lista, debido a la falta de originalidad y la ausencia de una dirección sólida. La personalidad del filme se disuelve en los divertimentos de un producto que apela con avidez a los espectadores deseosos de ráfagas de romance y un buen puñado de tiros.

Trailer:

//www.youtube.com/watch?v=AyWkSu4h7oQ

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