Passengers

En esta película nos convertimos en pasajeros de la enorme nave espacial Ávalon, que viaja entre la Tierra y el Homestead II, un planeta-colonia situado a 120 años de viaje. Por ello, las 5000 personas y los 258 tripulantes que la ocupan, viajan en estado de hibernación, en una jornada completamente automática, ya que la nave está dotada con todo tipo de computadores, escudos y mecanismos para que nada malo pueda suceder. Sus pasajeros van a mantenerse con la edad que tenían al salir de la Tierra. Ven el viaje como una aventura única, como la forma de vivir en dos épocas separadas por largos años.

Súbitamente, algo sucede y contra todo lo esperado, uno de los pasajeros despierta de su sueño de 120 años, cuando faltan todavía 90 años por terminar. Su despertar desata una serie de eventos que van a afectar a una hermosa compañera de viaje, una escritora que quería tener la experiencia de escribir en dos épocas y que también ve cómo ella se despierta de su hibernación, rompiéndose con ellos los planes que se había trazado en su vida. Porque no hay vuelta atrás para ninguno de estos dos pasajeros. Tampoco compañía ni esperanzas de nada más, excepto ser los dos únicos pasajeros despiertos de esta cápsula repleta de pasajeros dormidos en una nave automática en todo sentido.

Arhur (Chris Pratt) y Aurora (Jennifer Lawrence) se ven obligados a desarrollarse como amigos, eventualmente como pareja, en todo caso como únicos habitantes de los espacios enormes y cavernosos de la nave. Nosotros los acompañamos en sus rondas, en sus conversaciones, desesperadas unas, resignadas otras, amorosas con frecuencia creciente. Esto último es inevitable, tanto por la historia, que debe nutrirse del romance, como por las circunstancias mismas. Es lo que tiene que suceder con cualquier pareja humana abandonada en el paraíso terrenal o en un arca. Como se trata de una bella pareja, actor y actriz de fama y de prestigio, el romance que se establece está inevitablemente matizado con la belleza de los personajes y es uno de los atractivos del filme.

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IMagen de la película Passengers

Aprovecharon los realizadores para regodearse con el diseño de los escenarios. Nada se economiza para que la nave sea una muestra de art déco, de formas curvas, tonos blancos y pasteles, de robots estilizados y serviciales, como si fueran parte de una fiesta por allá en los años 20. No se nos muestran los ambientes y los objetos a que estamos acostumbrados en las películas de viajes espaciales. El diseñador de producción, Guy Hendrix Dyas, plantea una nave cómoda, lujosa, a modo de crucero. Para ello creó diseños que fueran bellos, inspirados en el arte y la arquitectura, incluyendo, según relata (ver nota) influencias de las pinturas de Edward Hopper y los diseños de Richard Rogers, Norman Foster y Santiago Calatrava, con una amplia gama de estilos, de forma que cada espacio de la nave tuviera su característica singular. El reto del diseño creativo de naves espaciales es grande, si se tiene en cuenta que hay ya una amplia tradición en el cine. Para la nave como conjunto, los diseñadores seleccionaron el concepto de una nave rotante que se desplaza por el infinito espacio con movimientos expresivos y gráciles. Se incluyen detalles mecánicos técnicos, como los de unos álabes giratorios para crear gravedad a base de fuerza centrífuga. Esto cobra protagonismo cuando los dos pasajeros deben enfrentarse a la reparación de una falla gravitacional, para lo cual tienen que salir al espacio y recorrer el exterior de la nave y sus mecanismos.

Un detalle que sorprende en el diseño de los interiores es el del salón Viena con una enorme ventana que da al espacio y con paredes inteligentes que pueden mostrar cualquier imagen de la vida en la Tierra. Hay que resaltar el bar, en el cual un maître robótico prepara gentilmente refinados cocteles al gusto. Otro es el de la piscina, que incluye una pared cristalina semiesférica que mira al espacio exterior. Este tipo de ambientes, en los cuales se da importancia al bienestar de los pasajeros, no es lo típico para la imagen que tenemos de las naves espaciales.

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Pasajeros, fotograma

Vale la pena referirse a las actuaciones. Habiendo señalado la importancia de los diseños de la nave en esta película, es obvio que su calidad y su éxito dependen en alto grado de las actuaciones de sus dos protagonistas, que en esencia son los dos únicos personajes que aparecen. Naturalmente nos relatan una historia, que no deja de tener encanto, giros inesperados y novedad. Pero también son ellos la historia. Por eso la película trata de penetrar en sus mentes, en sus motivaciones, en sus razones para estar juntos, para sentirse con ánimos o con desánimo en las inevitables situaciones a que están sujetos. Ello obliga al melodrama, a que tengamos que trascender la belleza misma, corporal y facial, de los dos actores, lo cual no resulta fácil. Esto se logra eventualmente, cuando la tragedia azota a la nave, obligando a vivir situaciones dramáticas, de alto impacto físico y emocional, lo cual establece el necesario equilibrio entre el romance y la vida realista de dificultades y circunstancias, a la cual todos estamos acostumbrados y cuyo tránsito exitoso constituye la medida del amor perdurable.

A modo de comentario final, vale la pena resaltar que todo termina con un nostálgico y sentido tributo a la bella naturaleza, a la bella tierra que han abandonado los pasajeros. Cuando la aceptación se impone, todo puede ser mejor, aun cuando se está condenado y limitado, si se asumen las cosas con amor.

Nota. Elizabeth Stampt. The Out-of-This-World Set Designs of Passengers. Architectural Digest.

 

Trailer

//www.youtube.com/watch?v=7sc5PFnFRL0

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