Sensible imaginación de la memoria: Abuelos, de Carla Valencia Dávila

Un filme sobre la memoria, que se destaca por la manera como para ser construida requiere del auxilio de la imaginación, es Abuelos de Carla Valencia Dávila (2010). Se trata de un documental sobre los dos personajes a los que se refiere el título, ambos difuntos para cuando se hizo la película, y que inspiran una búsqueda de la identidad personal en esa parte del pasado familiar. Uno de ellos fue médico autodidacta y autor de curas consideradas milagrosas en Ecuador y el extranjero; el otro, militante comunista en Chile, donde fue asesinado por la dictadura. Por esa razón no pudo conocerlo la directora.

No solo son dos personajes que no parecen tener nada en común. Fue un intrincado azar el que hizo que se convirtieran en los abuelos de la realizadora. El hijo del chileno Juan Valencia y la hija del ecuatoriano Remo Dávila se conocieron porque coincidieron como estudiantes universitarios en Moscú. Pero ni siquiera fueron propiamente los estudios los que les llevaron a casarse y a tener su primera hija en la Unión Soviética. Se enamoraron en Georgia, en una gira que hicieron bailando con un grupo folklórico. Y aun a otra contingencia se debió que la segunda hija de la pareja, Carla, naciera en Ecuador y no en el Chile de Salvador Allende, en el que pensaban instalarse: el golpe de Augusto Pinochet.

Cartel dela película AbuelosLa realizadora no solamente indaga en las historias de Remo Dávila y en especial de Juan Valencia, de quien poco se hablaba en su hogar. Procura encontrarle un sentido al cruce de destinos tan dispares que dio origen a su vida. Esa circunstancia le hace sentirse fraccionada, como dice en la primera parte del filme, dividida entre la inmortalidad que su abuelo ecuatoriano aseguraba haber descubierto con sus medicinas, y la confrontación con la historia de la muerte de su abuelo chileno en el campo de concentración de Pisagua.

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Sobre la base de esa contraposición está construida la narración, que se desarrolla en un montaje paralelo de ambas historias, a las que se añade el relato de la búsqueda de la realizadora, y las entrevistas y hallazgos que hace. Cada uno de los abuelos tiene un correlato visual contrastante pero también complementario desde el comienzo. Son los planos cerrados de vegetación selvática en las cercanías de Cuenca, la ciudad natal de Remo Dávila, y los amplios planos del desierto que rodea Iquique, la ciudad de Juan Valencia. La prodigalidad de la vida se confronta así con la aridez de la muerte.

En la historia del abuelo ecuatoriano hay un río, mientras que en la del chileno está el mar, y si del segundo quedó registrada su voz, en una grabación que la cineasta logró reproducir cuarenta años después, del primero quedó un fragmento de un video sin sonido. La diferencia complementaria se vuelve incluso analogía cuando juguetea un gatito en el instrumental farmacéutico de Remo Dávila, el cual tiene como correlato un insecto que revolotea alrededor de la hija de Juan Valencia, cuando visitan el lugar donde lo mataron.

La narración de Carla Valencia Dávila termina de atar poéticamente ambos cabos de la historia de sus orígenes. Lo hace así al principio: “Este abuelo chileno, que no pude conocer, vivió mirando el océano Pacífico, en donde este río de mi abuelo ecuatoriano va a desembocar”. Hacia el final añade, en referencia a otro de los poderes mágicos que se atribuían a Remo Dávila: “Durante las últimas dos décadas, aunque parezca imposible, cada cuatro años o más ha llovido en el desierto. El agua dulce ha llegado a desempolvar las arenas de este lugar, que parecía estéril. Semillas que parecían inmóviles, adormecidas por años, germinan. Me gusta imaginar que mi abuelo Remo ha hecho llover en el desierto de mi abuelo Juan”. Y concluye: “Dos caras de una misma historia me han contado de donde vengo: de la inmortalidad y la muerte; de la muerte y la inmortalidad”. De esa manera quedan unidas las dos partes de sí que le han hecho sentirse fraccionada.

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Abuelos, investigamosEn entender eso está la clave del documental, y requiere tomarse con la misma seriedad al médico mágico que buscaba la inmortalidad, y que inspiró a un personaje de un libro como Dioses, semidioses y astronautas de Nicolás Kingman, y al hombre que es visto en una fotografía dándole la mano a Allende, y al que se le encomendó una tarea clave para garantizar el avance de una revolución socialista. Las píldoras mágicas son algo demasiado grueso para el tamiz de la medicina científica y la razón considerará que lo que puede cambiarse en todo caso es la realidad social, no la de una vida que ha de terminar con la muerte. Pero esa razón no es capaz de descubrir por qué cada uno ha sido arrojado al mundo, a la vida que tiene, y de lo que se trata en este caso es de abrir el corazón a la realidad concreta de una persona que busca una respuesta en el pasado de la familia que le ha tocado en suerte tener. La indagación en las raíces es un recorrido en el que la memoria puede llevar hacia senderos que se bifurcan y se cruzan por misteriosas circunstancias, y eso es algo a lo que solo una imaginación sensible puede ayudar a encontrarle sentido.

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