Sully

El muy prestigioso actor y director Clint Eastwood nos entrega este espectacular trabajo, cargado de drama, a modo de clarísima investigación sobre uno de los temas que siempre va a inquietar a la gente. ¿Por qué se cae en avión, qué es lo que realmente pasa en la mente de los pilotos y de los pasajeros cuando está a punto de ocurrir la tragedia? Acaba de suceder en mi propia tierra algo que se pudo ver por parte de todos, casi que en vivo y en directo, el fatídico accidente del avión de la compañía LaMia que transportaba a Medellín al equipo de fútbol brasileño Chapecoense y un grupo de periodistas, en camino para la final de la Copa Sudamericana 2016 frente al local Atlético Nacional. Solo seis personas sobrevivieron al accidente, causado por imprudencia: el avión viajaba excedido de peso y con el combustible al límite, y los pilotos no hicieron escalas para repostar. Menciono esto porque Sully se refiere también a un accidente de aviación extremadamente famoso, sobre el cual seguramente guardamos recuerdos: un avión acuatizando en un frío día de invierno de 2009 en el Río Hudson en la ciudad de Nueva York, todos los pasajeros rescatados con vida. En este caso, un piloto supremamente habilidoso y responsable toma las decisiones correctas y se salva la totalidad de sus pasajeros; en el otro, un piloto irresponsable se juega su propia vida y la de sus pasajeros haciendo cosas prohibidas y pierde su apuesta en forma trágica.

Es enorme la responsabilidad que asumen los pilotos de un avión y extremadamente cargados de tensión pueden ser los momentos en los cuales deben tomar decisiones rápidas que pueden significar vida o muerte, cuando se dan circunstancias inesperadas. En el caso del vuelo del Airbus A320 piloteado por el experimentado capitán Chesley Burnett “Sully” Sullenberger, que acababa de salir del aeropuerto de La Guardia, una bandada de pájaros se estrella contra el avión, dejando inútiles los dos motores. De inmediato asumen los tripulantes las acciones del caso, considerando diversas posibilidades, con ayuda de las torres de control de los aeropuertos cercanos y el capitán Sully y su copiloto, de cuenta propia y sin mayores dudas deciden acuatizar en el ancho Río Hudson. Todo resulta bien, de inmediato se convierten en héroes, responsables de lo que se califica como el “Milagro en el Hudson”. Hasta que, como corresponde a los severos protocolos de las entidades reguladoras de la aviación civil, se desata la correspondiente investigación que amenaza con convertir la hazaña en un error monumental.

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Fotograma de la película Sully

Estos hechos son la base para que dos iconos del cine, el actor Tom Hanks y el director Clint Eastwood desarrollen un trabajo de muy buen nivel. Hanks, protagonizando a Sully, es capaz de transmitir la impresionante experiencia del piloto, su don de gentes, su capacidad para razonar, con acierto y a gran velocidad, ante preguntas cuestionadoras. La misma capacidad que tuvo que tener para responder con urgencia a la presencia factible de la tragedia (un avión que se puedo haber estrellado contra los rascacielos de la urbe, contra el puente George Washington o que se pudo haber hundido directamente en las oscuras y frías aguas del Hudson), convirtiéndola en una hazaña milagrosa. Eastwood nos comunica todas estas tensiones de una forma vívida y realista, a través de repetidas escenas que recrean los temores del capitán y las pesadillas recurrentes que sufre. Para ello utiliza los recursos que el cine ofrece a base de efectos especiales y dramatización y lo hace de manera cuidadosa, verdaderamente diseñada y deliberada para crear el efecto dramático deseado que convierte a Sully en una gran historia.

Buena parte de la película se centra en los resultados de las investigaciones sobre el accidente y en las audiencias públicas respectivas. No son estos temas que parezcan ser atractivos para una cinta, son demasiado técnicos y sus protagonistas en la vida real no son actores, sino gente seria y fría, que trata de encontrar la verdad basada en hechos, en números, velocidades, distancias, datos de caja negra y grabaciones que no siguen ningún guion. Sin embargo, es el maestro Eastwood el que nos cuenta la historia y lo sabe hacer con tal riqueza didáctica, con tal claridad, con tan acertado manejo del tiempo y de las pruebas que se presentan, que todos nos sentimos expertos en simulación de vuelos, sabios jueces de situaciones humanas conflictivas y fieles cronistas de la complejidad. Esta es una de las magias del buen cine, el que los espectadores sintamos, al menos por instantes, que todo es posible y que inclusive nosotros lo podemos hacer.

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Sully. Imagen de la película

Pero además del drama de los protagonistas, acá estuvieron presentes 155 pasajeros y tripulantes, sus familiares, controladores de vuelo, investigadores, periodistas, simuladores de vuelo y una gran cantidad de personas que en su momento estaban en el río o hacían parte de los cuerpos de policía y de rescate. La película encuentra tiempo y protagonismo suficiente para todas estas personas, para destacar sus acciones y su capacidad de respuesta ante las posibilidades del heroísmo o de la tragedia. Bien se ha dicho que los seres humanos se vuelven altruistas y solidarios en estos momentos y Sully lo ha registrado debidamente, algo que es bueno socialmente. Son asuntos que no son tan automáticos y tan inocentes: detrás de todo hay un ingente esfuerzo humano, una gran creatividad, una gran organización social. Sully es un homenaje a la milagrosa capacidad humana, que se refleja tanto en las respuestas creativas y acertadas ante la adversidad como en la solidaridad ante la tragedia y la alegría que se genera cuando se convierte en una hazaña milagrosa.

 

Tráiler

//www.youtube.com/watch?v=jJv6VRDoIvQ

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