The Young Pope

El director napolitano Paolo Sorrentino ha sido uno de los grandes descubrimientos del séptimo arte en los últimos años. Aunque ya tenía una trayectoria muy consolidada como director y guionista, deslumbró al público con un título irrepetible, La gran belleza (La grande bellezza, 2013), su sexto largometraje de ficción tras L’uomo in più (2001), Las consecuencias del amor (Le conseguenze dell’amore, 2004), L’amico di famiglia (2006), Il divo (2008) y Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place, 2011). Más reciente es su última película, La juventud (Youth, 2015), donde trata de repetir el milagro de La gran belleza pero se queda a medio camino a pesar de las magníficas interpretaciones de Michael Caine y Harvey Keitel.

Con The Young Pope, Sorrentino regresa a la televisión, medio para el que había realizado dos telefilmes, Sabato, domenica e lunedì (2004) y Le voci di dentro (2014), adaptaciones de sendas obras de teatro de Eduardo De Filippo. Volviendo a The Young Pope, no es en absoluto frecuente que el creador de la serie sea también el guionista y el director de todos los episodios (en este sentido, Steven Soderbergh es una excepción con The Knick). Uno de los rasgos de estilo más fácilmente reconocibles de Sorrentino es su capacidad para simultanear la belleza con la vulgaridad, lo poético con lo soez.

Esta serie de diez episodios ha sido producida por HBO, Sky Italia y Canal+ y es, junto a Westworld, una de las series con las que ha desembarcado HBO en España. Sorrentino presenta a un Papa joven y guapo, interpretado por Jude Law, preocupado por el diseño y la moda, pero lleno de dudas y con fantasmas sobre su propio pasado. Como Sorrentino no pudo rodar en el Vaticano, tuvo que recrear los escenarios principales: las dependencias papales, San Pedro, la Capilla Sixtina…

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La serie arranca con siete minutos sin diálogo en los que no sabemos exactamente qué es lo que ocurre, ya que presenta el contraste entre el extraño mundo del Vaticano y la luminosidad que desprenden los fieles. Jude Law parece, por momentos, un Papa apocalíptico, casi un antipapa. Poco a poco vamos conociendo al personaje, que ha llegado al Papado antes que su maestro, el Cardenal Spencer (James Cromwell). Lenny Belardo, futuro Pío XIII, es un personaje que produce atracción y rechazo a partes iguales: moderno y sofisticado, fashion victim, por un lado, pero ultraconservador y retrógrado, por otro.

Sorrentino ha filmado una serie exquisita y lúcida, desequilibrada y excesiva, pero plagada de momentos de gran belleza. La serie es el personaje, ese Papa joven, norteamericano, que se convierte en Pío XIII, que es huérfano y que, antes de guiar a la Cristiandad, ha de encontrar su lugar en el mundo. Ahora que hemos visto a Jude Law haciendo de Lenny Belardo ya no podríamos pensar en otro Papa mejor. Los personajes que le acompañan en su Papado tienen un peso real, desde la Hermana Mary (una excelente Diane Keaton) hasta Monseñor Gutiérrez (un Javier Cámara en estado de gracia), pasando por personajes como el Cardenal Voiello (Silvio Orlando), un animal político, o el inquietante Cardenal Castalnissetta (Toni Bertorelli). Lady Fitness, en un magnífico artículo, desvela la simbología oculta en la cabecera de la serie, así como las claves musicales de la misma. No faltan en esa intro cuadros tan emblemáticos como La adoración de los pastores (Gerard van Honthorst, 1622), La entrega de las llaves a San Pedro (Pietro Perugino, hacia 1482), La conversión de San Pablo en el camino a Damasco (Caravaggio, 1601) o Miguel Ángel presentando el modelo de la basílica de San Pedro a Pío IV (Domenico Cresti, hacia 1619), por citar solo algunos.

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En definitiva, la serie es puro Sorrentino y solo flaquea cuando el director sale de su zona habitual de trabajo (Roma y Venecia, fundamentalmente) y trata de contar otras cosas. Así, por ejemplo, The Young Pope baja muchos enteros cuando el Papa viaja a África, y se vuelve muy convencional en la trama desarrollada en Nueva York, lugar al que va Gutiérrez para investigar un caso de pederastia. Esos capítulos, eso sí, sirven para conocer un poco mejor al personaje de Javier Cámara. Lo mismo ocurre cuando relata la historia del Cardenal Dussolier (Scott Shepherd), que nos lleva hasta Honduras.

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A lo largo de los diez episodios de The Young Pope encontramos escenas bellísimas como la de unas monjas jugando al fútbol, y la bola del mundo que tiene el Papa en su despacho recuerda, en buena medida, a la de Charles Chaplin en El gran dictador. Afortunadamente, el más puro Sorrentino regresa en el último capítulo y ofrece un cierre magnífico a una serie desconcertante, inesperada, necesaria.

Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=TAoQhlF-6Yw

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