Un día perfecto

Resulta casi imposible reconocer a Fernando León de Aranoa detrás de su sexto largometraje de ficción, Un día perfecto. Su salto al mercado internacional viene de la mano de dos reconocidos actores, como son Benicio del Toro y Tim Robbins, y los evidentes cambios de localización (aunque rodada en España) e idioma. La historia está situada en Bosnia en 1995, donde se encuentra trabajando un grupo de cooperantes en misión humanitaria. En un pozo de un pequeño poblado han hallado el cadáver de un hombre, sumergido en sus profundidades. Ante el peligro de contaminación del agua del pozo, del que dependen varias familias, deberán sacarlo cuanto antes.

Aranoa quiere mostrar a sus personajes en su rutina diaria del final de una guerra, de la que no se atisba ninguna huella. Más allá de algún grupo de milicianos que controlan la zona y las trabas burocráticas a las que tienen que hacer frente, parece que el terreno bélico es mero pretexto que se mantiene en un plano superficial.

Fotograma de Un día perfectoLas intenciones de Aranoa no están relacionadas con el retrato de la guerra en Bosnia, ni cuales fueron sus secuelas. En ningún momento existe altercado relevante alguno ni situación de peligro e inestabilidad. Sus personajes se mueven sin problemas de un lado a otro y el máximo contratiempo que tienen es una vaca muerta en mitad del camino. La guerra queda en un plano verbal pero ninguna imagen la sugiere. El film se centra en una sucesión de diálogos cliché, a modo de gags cómicos que poco tienen que ver con el humor irónico de Aranoa, como elemento revulsivo del subtexto de sus anteriores cintas.

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Aranoa se aleja por completo del cine social, siempre comprometido con los desfavorecidos, por el que se ha dado a conocer, para realizar un cine superfluo, sin contenido ni garra, pero sobre todo plano.

//www.youtube.com/watch?v=6JoplDb2-TE

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