Westworld

Cuando HBO llegó a España, lo hizo con dos series estrella bajo el brazo: la ya comentada The Young Pope y, sobre todo, Westworld, serie que, si nada lo impide, parece estar llamada a tomar el relevo de la exitosa Juego de tronos. Westworld es, sin duda, la gran apuesta de HBO, la niña de sus ojos, y eso se deja notar en un diseño cuidado hasta el extremo. La serie, en realidad, parte de un material previo hoy considerado de culto, pero con bastantes limitaciones argumentales. Se trata de Almas de metal (Westworld, Michael Crichton, 1973), largometraje de ciencia ficción que tuvo su continuación en Mundo futuro (Futureworld, Richard T. Heffron, 1976) y la serie de televisión Westworld (1980), desarrollada, no a partir del filme de Crichton, sino del de Heffron.

Westworld ha servido para unir de nuevo a J.J. Abrams y Jonathan Nolan en la producción, pero los auténticos creadores de la serie han sido el propio Nolan y su esposa, Lisa Joy. Jonathan Nolan es sobradamente conocido por haber participado en los guiones de algunas de las películas más importantes de su hermano, Christopher Nolan, si bien se estrenó en la dirección en un episodio de otra serie de la que fue creador: Vigilados: Person of Interest (2011-2016).

Esta nueva entrega de Westworld solo toma de Almas de metal la premisa argumental (aunque el segundo capítulo de la primera temporada, “Castaño”, es el que tiene más similitudes con la trama original): la creación de un parque temático del Oeste (en realidad, en la película de Crichton había también otras dos ambientaciones, la Edad Media y la Antigua Roma) donde los visitantes pueden dar rienda suelta a sus más bajas pasiones. Cada día, el parque se reinicia y los operarios reponen a los anfitriones (así se llaman a los androides que prestan servicio en el parque) que han sido abatidos por los huéspedes o por otros anfitriones, lo que hace que vivamos la misma situación una y otra vez a lo largo de la temporada, como si hubiéramos trasladado la acción de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) al Viejo Oeste. Eso, además, ha permitido rentabilizar los decorados, sobre todo los de Sweetwater, el escenario donde se ambienta buena parte de la acción, cuyo nombre homenajea de manera explícita al western y, en concreto, a Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West, Sergio Leone, 1968).

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Es, desde luego, una serie muy sofisticada y muy bien planificada, quizás demasiado, ya que se le nota mucho cómo dosifica convenientemente los contenidos de violencia y sexo, por un lado, y las múltiples referencias, tanto literarias como cinematográficas, por otro. Westworld tiene algo de Frankenstein, bastante de Alicia en el País de las Maravillas, mucho de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) y ciertos toques de El show de Truman (The Truman Show, Peter Weir, 1998) e incluso de Wayward Pines (2015-), por citar solo algunas. No haría falta señalar la influencia del cine de Christopher Nolan.

En Westworld hay dos mundos claramente diferenciados: el interior del parque (que nos lleva a 1880) y el de las instalaciones que permiten que todo funcione. Entre los personajes, destacan algunos, como el doctor Robert Ford (Anthony Hopkins), creador del parque, y Bernard Lowe (Jeffrey Wright), programador de los anfitriones. Entre estos últimos, destacan la pareja formada por Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood) y Teddy Flood (James Marsden), las prostitutas Maeve (Thandie Newton) y Clementine (Angela Sarafyan, un auténtico descubrimiento), y el forajido Hector Escaton (Rodrigo Santoro). Y, por último, entre los visitantes encontramos a William (Jimmi Simpson) y Logan (Ben Barnes), pero el que destaca por encima de todos es el Hombre de Negro, interpretado por Ed Harris, en un papel que recuerda, por una parte, al que interpretaba Yul Brynner en Almas de metal, y, por otra, al que el propio Harris interpretaba en Appaloosa (Ed Harris, 2008), Virgil Cole. El personaje de Harris parece un jugador de nivel avanzado que va explorando todas las posibilidades de ese mundo.

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Ocho directores distintos se reparten la realización de los diez episodios de la primera temporada. Nolan se reserva para sí el primero y el último (que tiene una duración de 86 minutos); también Fred Toye dirige un par de entregas (la 6 y la 7) y el resto de directores, entre los que destacan Neil Marshall, Michelle MacLaren y Vincenzo Natali, dirigen un episodio cada uno. Destaca el dirigido por Natali, el cuarto, titulado “La teoría de la disonancia”.

En el momento en que comienza la serie, el parque se encuentra en plena transformación y algunos de los anfitriones parecen haber adquirido conciencia de lo que son. No hay una narrativa central, sino diferentes narrativas que confluyen y se alejan en determinados momentos. En general, parece que la primera temporada, más que fin en sí misma, resulta simplemente un pretexto para conseguir que los espectadores se vayan acostumbrando a un mundo que explotará todas sus posibilidades en las próximas entregas. La serie promete mucho, sobre todo por la aparición de nuevos escenarios como Pariah, la ciudad de los forajidos, que, sin duda, tendrán más presencia en próximas temporadas.

Premios: Nominada a tres Globos de Oro: Mejor Serie Dramática, Mejor Actriz (Evan Rachel Wood) y Mejor Actriz Secundaria (Thandie Newton)
Tráiler:

//www.youtube.com/watch?v=FXqHUGjehNo

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